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Lesiones oculares producidas por la procesionaria del pino en perros

Son más frecuentes al inicio de la primavera

Se realizó un estudio retrospectivo en perros para describir las lesiones oculares inducidas por la procesionaria del pino y la histopatología asociada, así como el tratamiento y la evolución.

Daniel Costa, PhD, MSc, DVM [1]; Javier Esteban, DVM [1]; Fernando Sanz, DVM [2]; Jorge Vergara, DVM [3]; Eduardo Huguet, DVM [4]
1. Oftalmología Veterinaria Ocaña
2. Oftalmología Veterinaria Bellavista Visionvet
3. Clínica Veterinaria San Bernardo
4. Oftalmovet Oftalmología Veterinaria
Imágenes cedidas por los autores

La oruga procesionaria del pino (PP) es la etapa larval de la polilla Thaumetopoea pityocampa. Estos insectos son endémicos de los bosques de pinos del sur de Europa y del Mediterráneo en zonas rurales y urbanas, pero en los últimos años se han ido desplazando hacia el norte, debido al calentamiento global [1-5].

Solo los tres últimos estadios larvarios tienen pelos urticantes de unas 150-200 micras. Estos pelos se pueden soltar con facilidad, dispersarse y ser arrastrados por el viento [6]. Al inicio de la primavera, la última etapa larval cae de los pinos y camina en procesión por el suelo (figura 1). Las lesiones oculares son más frecuentes en esta época [7].

Figura 1. Última etapa de larva de la polilla T. pityocampa caminando en procesión por el suelo después de caer de los pinos a principios de primavera.

La patogénesis de las lesiones se podría deber a la irritación mecánica, a la hipersensibilidad mediada por IgE o a la toxicidad producida por la liberación de thaumatopina (una proteína urticante específica que se ha comprobado que causa una reacción urticante en la piel del cerdo) [6,8-15]. Las lesiones más comunes en humanos son urticaria de contacto y erupciones papulares en la piel, pero también se ha descrito afectación ocular y del tracto respiratorio [3,11,16-20]. En los perros, los pocos artículos publicados sobre la PP señalan que la lesión más común es la glositis y necrosis de la lengua, aunque también hacen una breve referencia a la afectación ocular y del tracto respiratorio [21-23].

En oftalmología humana la PP es una causa bien reconocida, aunque poco frecuente, de lesión ocular [3,17,20,24]. Sin embargo, hasta donde conocen los autores, las lesiones oculares no se han descrito en profundidad en oftalmología veterinaria.

El propósito de este estudio fue describir, por primera vez en los perros, las lesiones oculares inducidas por la procesionaria del pino y la histopatología asociada, así como el tratamiento y la evolución.

Caracterización de los signos clínicos

Los signos clínicos oculares causados por la PP en los seres humanos se han clasificado en 5 tipos de la siguiente manera [28]:

  • Tipo 1: reacción tóxica aguda después de 15 minutos de exposición. Los signos clínicos son quemosis, inflamación y sensación de cuerpo extraño y duran de días a semanas.
  • Tipo 2: queratoconjuntivitis mecánica crónica debida a los pelos en la conjuntiva bulbar/palpebral. La córnea muestra arañazos lineales adyacentes a los pelos. La sensación de cuerpo extraño desaparece con la eliminación de los pelos.
  • Tipo 3: se observan nódulos amarillos grises (granulomas) bajo la conjuntiva. El paciente puede ser asintomático.
  • Tipo 4: se observa iritis intensa, a veces con la formación de nódulos en el iris. Los pelos están en la cámara anterior y pueden causar cuerpos extraños intralenticulares.
  • Tipo 5: casos con participación vitreorretiniana. Se puede observar vitritis, edema macular quístico, papilitis o endoftalmitis.

Materiales y métodos

Se revisaron los registros médicos de cuatro clínicas veterinarias españolas (Oftalmología Veterinaria Ocaña, Madrid; Clínica de Oftalmología Veterinaria Bellavista Visionvet, Sevilla; Clínica Veterinaria San Bernardo, San Sebastián; y Oftalmovet Oftalmología Veterinaria, Valencia) para identificar a todos los perros con signos oculares de contacto con PP. Los criterios de inclusión consistieron en perros procedentes de zonas endémicas que presentaban lesiones oculares en las que se encontraron pelos de la PP durante el examen oftalmológico (figura 2). Los datos recogidos incluyeron edad, sexo, raza, ojo afectado, lesiones oculares, tratamientos, tiempo para la resolución de los signos clínicos y resultado final.

Figura 2. Varios pelos de T. pityocampa en la superficie de la córnea (flechas). En la parte inferior de la imagen se ve un flash de la cámara.

Para el análisis estadístico de los datos se utilizó estadística descriptiva (medias y frecuencias), t-test y prueba de Chi-cuadrado cuando fuera aplicable. Todos los análisis estadísticos se realizaron con el programa SPSS versión 20 (IBM) y asumiendo un error tipo I de 0,05 a dos colas.

Resultados

Un total de 140 perros cumplieron los criterios de inclusión: 120 de la zona central (Madrid), 13 de la zona sur (Andalucía), seis de la zona norte (Gipúzkoa) y uno de la zona este (Valencia).

Los perros tenían entre 4 meses y 13 años de edad, con una edad media de 4,2 años; el 66 % eran machos y el 34 % hembras (p = 0,008). Las razas más comunes fueron Cocker Spaniel (21,88 %) y mestizos (21,88 %), seguidos por Beagle (7,81 %), Yorkshire Terrier (6,25 %) y Labrador Retriever (6,25 %) (p <0,05). Ambos ojos se vieron afectados en el 13,71 % de los casos; el ojo izquierdo en un 45,09 % y el derecho en un 41,20 %. No hubo significación estadística respecto al ojo afectado (p = 0,766).

Lesiones oculares

El signo ocular más común fue queratitis con infiltrado celular blanco en forma de media luna o circular (98,57 % [n = 138]) (figura 3), seguido por uveítis anterior (78,57 % [n = 110]), hiperemia conjuntival y quemosis (33,57 % [n = 47]) (figura 4), blefaritis (8,57 % [n = 12]) y úlceras corneales (2,86 % [n = 4].

Figura 3. Progresión de un caso con queratitis no ulcerativa y uveítis secundaria a los pelos de T. pityocampa. Se puede ver el infiltrado celular característico en forma de media luna. (A) Imagen en la presentación inicial; (B) Una semana después; (C) Dos semanas después.
Figura 4. Hiperemia conjuntival y quemosis grave secundaria a los pelos de T. pityocampa. En algunos casos se observó afectación conjuntival, pero se resolvió rápidamente después de comenzar el tratamiento médico.

Tratamiento y evolución

La eliminación de los pelos por hidropulsión con solución salina seguido por tratamiento médico tuvo éxito en un 99,29 % (n = 139) de los casos. El tratamiento médico incluyó antibióticos tópicos (tobramicina, cloranfenicol o gramicidina/neomicina/polimixina B), fármacos antiinflamatorios (ketorolaco trometamina, diclofenaco, bromfenaco, nepafenaco o dexametasona) y agentes ciclopléjicos (atropina o clorhidrato de ciclopentolato). En algunos casos, dependiendo del veterinario y de la gravedad de los signos clínicos, se utilizaron antibióticos (doxiciclina) y/o fármacos antiinflamatorios (robenacoxib o prednisolona) sistémicos (ver tabla).

Solo uno de los casos requirió cirugía reconstructiva de la córnea para tratar una úlcera estromal profunda. Esta lesión fue eliminada por queratectomía superficial y se suturó un injerto pediculado conjuntival en el defecto. El tejido extirpado se examinó histológicamente.

La resolución completa de los signos clínicos se produjo entre 15 y 30 días después de la presentación en todos los casos, a excepción de un paciente. Este fue diagnosticado de endoftalmitis que se controló mediante tratamiento médico con enrofloxacina y robenacoxib, pero dio lugar a ceguera total.

Hallazgos histopatológicos

El estudio histopatológico reveló una lesión aguda con infiltrado neutrofílico necrótico que afectó al estroma corneal superficial/medio. Se observó un cuerpo extraño alargado, traslúcido y basófilo sin estructura interna y con puntos negros finos en el estroma más profundo de la sección histológica. Esta estructura era consistente con los pelos de la oruga (figura 5).

Figura 5. Microfotografía histopatológica (hematoxilina y eosina, X4) de la córnea afectada por pelos de T. pityocampa. Se puede observar el infiltrado celular y el pelo urticante (flecha). (Imagen cedida por la Dra. Carolina Naranjo).

Discusión

Las lesiones oculares de la procesionaria se han reconocido y documentado en oftalmología humana [3,17,20,24]. Este estudio describe, por primera vez en perros, las lesiones oculares producidas por los pelos de la PP, las opciones de tratamiento y la evolución clínica de la enfermedad.

En humanos, aproximadamente el 10 % de los casos de contacto con PP llevan a un compromiso ocular temprano o tardío [3,17]. Las lesiones oculares tempranas incluyen hiperemia conjuntival, quemosis y blefaroedema. Las tardías son consecuencia de los pelos que penetran en el ojo e incluyen queratitis, uveítis, escleritis, cataratas, glaucoma o panoftalmitis [3,11,16-19,25].

Como se describe en oftalmología humana, el signo clínico más común en este estudio fue la presencia de los pelos de la oruga y de queratitis que se caracterizaba por edema corneal e infiltrados celulares circulares o con forma de media luna en el perro mientras que, en los seres humanos, estos infiltrados son lineales o en forma de puntos [20,26,27].

El resultado histopatológico de un solo caso mostró una lesión aguda, de pocas horas de evolución, con infiltrado celular neutrofílico necrótico. Por el contrario, en los seres humanos las lesiones histológicas muestran una reacción granulomatosa crónica típica como respuesta a un irritante químico ya que los pelos están rodeados por células linfoides, macrófagos y células epitelioides y una cápsula fibrosa gruesa exterior [20]. Si la histopatología de este caso se hubiera realizado en un estadio clínico tardío se podría esperar la aparición de un infiltrado celular crónico similar.

Aunque en opinión de los autores una sola muestra histopatológica no es representativa de la enfermedad, los resultados tienen relevancia clínica si se considera que es la primera descripción histológica de PP ocular en perros. No obstante, se requieren más estudios con más muestras para caracterizar mejor la lesión histológica.

La mayor parte de los casos en oftalmología humana pertenecen al tipo 1 y 2 [29] (ver recuadro). En el presente estudio se observaron signos clínicos similares en perros y, al utilizar el sistema de clasificación humana, casi todos los casos se podrían clasificar como tipo 1 y 2. Solo un caso de endoftalmitis era compatible con el tipo 5. En el presente estudio no se identificaron nódulos conjuntivales o en iris.

Tratamiento

Las modalidades de tratamiento sugeridas para los seres humanos se basan en el sistema de clasificación anterior [20].

  • Tipo 1 y tipo 2: se recomienda la irrigación del ojo, seguida por la eliminación de los pelos. El tratamiento médico consiste en antibióticos tópicos y esteroides.
  • Tipo 3: se realiza la escisión quirúrgica de los nódulos.
  • Tipo 4: estos casos son tratados con esteroides tópicos e iridectomía de nódulos o extirpación quirúrgica de los pelos de la cámara anterior (si es necesario).
  • Tipo 5: se recomienda un tratamiento médico con esteroides tópicos y sistémicos (si es necesario). En los casos resistentes, puede ser necesaria la vitrectomía para la eliminación de los pelos.

En el estudio se usaron con éxito las mismas modalidades de tratamiento para el tipo 1 y 2: hidropulsión de los pelos, antibióticos tópicos y fármacos antiinflamatorios.

Por lo tanto, los autores sugieren que el tratamiento de las mayoría de lesiones oculares producidas por los casos de pelos de la oruga Thaumatopoea pityocampa consista en hidropulsión de solución salina combinada con antibióticos tópicos (por ejemplo tobramicina, cloranfenicol o gramicidina/neomicina/polimixina B), fármacos ciclopléjicos (por ejemplo, atropina o clorhidrato de ciclopentolato) y, si es apropiado, esteroides tópicos (por ejemplo, dexametasona) durante un mínimo de 15 días.

Conclusión

La procesionaria del pino debe incluirse en el diagnóstico diferencial de las lesiones oculares agudas, especialmente si hay queratitis con infiltrado celular de la córnea y uveítis anterior, en perros de áreas endémicas durante los meses de primavera y verano. En la mayoría de los casos, la irrigación y la eliminación de los pelos junto con el tratamiento médico conducen a un buen resultado clínico.

Artículo original publicado en Vet Ophthalmol. 2015 Nov 26.
Traducido por María Villagrasa.

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