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Cómo actuar ante la picadura de medusas en perros

Urgencias de verano

¿Quién no ha ido a la playa y ha sufrido una picadura de medusa, esos gelatinosos y urticantes invertebrados? En el caso de las personas está muy claro qué hacer si nos vemos involucrados en dicho encuentro, pero ¿qué ocurre con los animales de compañía?

R. Elices Mínguez [1], M. Morán Cuesta [2], P. Valdivielso Parra [1], Z. Fernández Martínez [2]
1 Dpto. de Producción Animal, Facultad de Veterinaria UCM (Madrid)
E-mail: elices@vet.ucm.es
2 Clínica Veterinaria Mimos. Pozuelo de Alarcón (Madrid)
Imágenes cedidas por los autores

En España encontramos más de 3.000 puntos catalogados como playas. Algunas de ellas la Unión Europea las acredita con la “bandera azul”, para lo cual han de cumplir una serie de requisitos relacionados con seguridad e higiene, información y gestión medioambiental. A estas playas está prohibido acudir con animales domésticos. Sin embargo, existen alternativas para aquéllos que deseen darse un paseo por la arena con su mascota (figura 1), las denominadas playas “salvajes”. Son playas pertenecientes a parques y reservas naturales o calas sin catalogar.

Figura 1. Existen playas en las que no está prohibida la presencia de perros, para aquellos que deseen darse un paseo por la arena con su mascota.

La costa mediterránea se ve invadida cíclicamente, cada tres o cuatro años, por plagas de medusas. Las causas para esta proliferación son variadas y en todas ellas ha intervenido el ser humano: sobrepesca de especies que comen medusas, incremento de la temperatura del mar y aumento de la urbanización del litoral. Este último factor produce una mayor cantidad de vertidos al medio marino y, por tanto, de materia orgánica, así como la reducción de la barrera natural de agua dulce que corre paralela a la costa, lo que provoca un aumento de la salinidad del mar.

Las medusas tienen escaso valor económico y su efecto más inmediato es negativo: afectan a la industria básica del Mediterráneo, el turismo. En este mar existen entre 350 y 500 especies de medusas, pero las que se observan más frecuentemente en nuestras playas son Chysaora hysoscella, Pelagia noctiluca, Rhizostoma pulmo (figura 2) y Cothilorhiza tuberculata.

Figura 2. Rhizostoma pulmo, aguamala o medusa azul.

Con el presente trabajo vamos a realizar una breve revisión sobre cómo actuar ante un caso de picadura de medusa en perros.

Características generales de los cnidarios

Las medusas pertenecen al grupo cnidarios, vocablo que proviene del griego knide, que significa ortiga. En este grupo encontramos los pólipos y las medusas, de vida libre y con los tentáculos hacia abajo. Su peligro radica en la existencia de células urticantes, denominadas nidoblastos o nematocitos.

¿Cómo “pican” las medusas?

Los nematocitos son células rellenas de veneno, generalmente una mezcla de proteasas (colagenasas, fibrinolisinas, hialuronidasas, fosfolipasas), catecolaminas (histamina, serotonina) o toxinas específicas de tejidos (miocardio, riñones, sistema nervioso), que poseen un dardo o aguijón para inocularlo, denominado nematocisto (figura 3) y un cilio que actúa como “gatillo disparador” denominado nidocilio.

La activación del nidocilio (figura 3) se produce por una señal eléctrica mediada por el ión calcio, que determina la apertura del nidoblasto y dispara el nematocisto, mediante un proceso de presión hidrostática.

La presión interna que se alcanza es de 150 atmósferas; se libera en 3 milisegundos y con una potencia de penetración de 0,34 kg/cm2, lo cual permite atravesar tejidos de 0,9 mm de grosor. De este modo, la toxina es liberada a la microcirculación de la dermis.

Después de este proceso, el nidoblasto debe ser reemplazado, por medio de la diferenciación a partir de las células pluripotenciales, ya que el nematocisto “disparado” no puede regenerarse.

Figura 3. Esquema del mecanismo de acción de las medusas.

Mecanismo de acción de las toxinas

El mecanismo de acción de las toxinas que inoculan las medusas determina modificaciones en el transporte celular (calcio y sodio), ruptura de las células, liberación de mediadores inflamatorios y toxinas específicas. Originan lesiones que van desde un ligero escozor en la piel hasta dolorosas heridas o incluso la muerte, dependiendo de la especie de medusa responsable de la lesión.

La toxicidad se ve influenciada por diversos factores:

  • Salud y edad del paciente.
  • Peso del animal.
  • Superficie expuesta a la picadura y cantidad de toxina inyectada.
  • Grosor de la piel en áreas expuestas y lugar de la picadura.
  • Especie de medusa.

Los perros suelen sufrir la picadura de medusas

Los perros son blancos fáciles para las medusas por su carácter curioso y juguetón (figura 4). Las picaduras en ellos son tan dolorosas como en los humanos.

Figura 4. Los perros son blancos fáciles por su carácter curioso y juguetón.

En principio, están más protegidos por su pelaje y sus almohadillas plantares y palmares, que son duras, impermeables y bastante resistentes, pero hay localizaciones más propicias a sufrir cierto tipo de lesiones (figura 5): trufa y cavidad oral, cara interna de las orejas, abdomen y en la región inguinal (donde el pelo es menos abundante).

Figura 5. Hay localizaciones más propicias a sufrir cierto tipo de lesiones: trufa y región oronasal.

Los síntomas que se presentan tras una picadura son dolor, eritema, edema y prurito. Puede aparece una pápula, dolor y prurito, que remite en unos días, salvo que existan complicaciones por infecciones secundarias.

En algunos casos pueden aparecer complicaciones sistémicas como agitación, cansancio, “llanto” y dificultades respiratorias (disnea).

Primeros auxilios en caso de picadura por medusas

El caso clínico que se describe a continuación se produjo en la playa de El Saler (Valencia), dentro del Parque Natural de L’Albufera, en septiembre de 2005.

Un cachorro de 7 meses de raza Dálmata se encontraba jugando en la orilla del mar. Los propietarios observaron que se quejaba y rozaba el hocico y las extremidades contra la arena con desazón.

En la orilla se observaban varias medusas del género Rhizostoma pulmo (figura 2). La posibilidad de una lesión por picadura era alta puesto que el animal había estado curioseando por el entorno.

Tratamiento

¿Qué podemos hacer en este caso? Es frustrante como veterinarios no poder disponer del equipo necesario y prestar servicio clínico al animal. Normalmente, nos encontramos en traje de baño, pero podemos actuar de urgencia y recomendar a los propietarios una serie de acciones que pueden minimizar su preocupación ante la excitación de su mascota.

El tratamiento de urgencia frente a una picadura por medusa tiene una serie de pasos:

  1. Hay que intentar que el perro no se rasque y mantenerle lo más quieto posible, para que el veneno no se extienda. Igualmente debemos evitar el lamido.
  2. Aplicar hielo durante 15 minutos, evitando el contacto directo sobre la piel del animal (debemos envolverlo con una toalla o una bolsa de plástico). Perseguimos un efecto de anestesia local por frío y, de este modo, reducimos el dolor.
  3. Examinar la piel y el pelo en busca de restos de la medusa o sus tentáculos.
  4. Retirar los mismos (siempre usando guantes ya que aún puede picar) y aclarar con agua salada (figura 6). Simultáneamente, raspar con cuidado la zona con, por ejemplo, una tarjeta de crédito (figura 7). No debemos emplear agua dulce ni frotar la piel del animal, puesto que estas dos acciones favorecen la descarga de los nematocistos.
Figura 6. Aclarar con agua salada. No debemos emplear agua dulce puesto que avorece la descarga de los nematocistos.
Figura 7. Raspar con cuidado la zona afectada con una tarjeta de crédito a la vez que se enjuaga con agua salada.
  1. Lavar con una solución de ácido acético al 5-10% (vinagre) durante 10 o 15 minutos. Las soluciones ácidas inactivan la descarga de los nematocistos, aunque no eliminan el dolor.
  2. Secar la piel y aplicar pomadas analgésicas (lidocaína o benzocaína), con corticoides o antihistamínicos para aliviar la reacción alérgica.

Agradecimientos:
A mi perro “Ramón”, Braco Alemán de ocho años, por su paciencia y servir de modelo para las fotografías del presente trabajo.
El presente trabajo se presentó en el V Congreso de Ciencias Veterinarias y Biomédicas, en la categoría de póster, celebrado en la Facultad de Veterinaria de la UCM.

Bibliografía

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Haddad, L. M, Lee, R. F. and McConnell (2000). Toxic marine life. In: Medical Toxicology. Lippincott. Williams & Wilkins; 303-316.
Mayol, L. (2005) Lesiones producidas por ofidios y animales marinos. En Protocolos diagnósticos y terapéuticos en dermatología pediátrica. 339-350
Nogué S et al. (2001) Lesiones por picadura o contacto con los animales de nuestro litoral marino. Medicina Integral volumen 38, número 4, septiembre.
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