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Primum non nocere

Primum non nocere
Se está investigando a varios cazadores por maltrato animal y también a dos veterinarios por cubrirles las espaldas. Sí, lo dicho, dos veterinarios que han falsificado certificados sanitarios. ¿Qué valoración merece esta conducta? Esta es la opinión de Sheila Riera.

Si Hipócrates levantara la cabeza posiblemente se escandalizaría, y no le faltaría razón.

Su famosa cita "lo primero es no hacer daño", aplicada en Medicina y otros campos afines de las Ciencias de la Salud, se queda en agua de borrajas ante algunas prácticas "profesionales" veterinarias. Y no porque se haya quedado obsoleta, que el principio de no maleficencia es perfectamente equiparable a la citada máxima hipocrática y uno de los cuatro principios fundamentales de la Bioética, mucho más moderna.

Al lío. Las primeras sentencias condenatorias por amputar cuerdas vocales y orejas de perros ya son una realidad. Como publicaba hace poco El País, una treintena de cazadores son investigados en diez causas por maltrato animal, en general debido a cordectomías u otras intervenciones realizadas lejos de todo centro y protocolo veterinario.

Lo más triste es que hay constancia de, al menos, dos veterinarios que han falsificado certificados sanitarios. ¿Con qué objetivo? Pues, por ejemplo, cubrir a un cazador que había decidido cortar orejas por su cuenta y riesgo. Es paradójico que se quiera proteger a un cliente de una (justificada) acusación del Seprona y, por el camino, se perjudique a toda la profesión veterinaria y se atente contra el código deontológico de esta.

Con esto, como con otros aspectos de la profesión, parece que tenemos al enemigo en casa. Con lo difícil que es lograr la unidad legislativa en este país, empeñado en legislar por comunidades autónomas o, incluso, como sucede en algunos casos como con la prohibición de utilizar animales salvajes en los espectáculos circenses, por municipios... Y, para cuando tenemos una ley global, hay quien se la pasa por el forro de los caprichos mientras el resto del sector pelea por dignificar la profesión.

No. Este tipo de personas no hacen más que daño. Avalar una intervención sin asepsia ni analgesia y hecha sin conocimiento ninguno sobre anatomía o las posibles complicaciones posoperatorias que puede padecer el perro no solo es ilegal, sino que atenta contra la ética veterinaria que, en mi humilde opinión, debería ser nuestra máxima de cabecera.
Primum non nocere
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