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El congreso andaluz celebra su decimotercera edición

Diagnóstico por imagen, traumatología, oftalmología, medicina interna y cuidados intensivos fueron los ejes centrales del programa científico del evento, que contó con más de 750 inscritos.


  • Mª Ángeles Daza.


  • Alberto Montoya, durante una de sus ponencias.

Cristina Serrano
Clínica Veterinaria Guadalquivet

El Congreso Andaluz de Veterinarios Especialistas en Animales de Compañía se celebró en Punta Umbría (Huelva) los días 3 y 4 de noviembre. Veterinarios y ATV disfrutaron del programa científico y de la exposición comercial del certamen anual organizado por el Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Veterinarios.

Intoxicaciones más frecuentes

La doctora Mª Ángeles Daza, acreditada por AVEPA en Emergencias y Cuidados Intensivos, y miembro de la EVECCS y la VECCS, impartió una charla muy intere­sante sobre el tratamiento de las intoxica­ciones más frecuentes en perros y gatos.

“Es imposible recordar los antídotos específicos de cada tóxico, pero es fun­damental que conozcamos donde obte­ner información”, comentó la ponente. Asimismo, Daza recomendó el Instituto Nacional de Toxicología (915 620 402) y la página web de la American Society for the Prevention of Cruelty to Animals (www.aspca.org) como fuentes de información.

Ante una intoxicación, debemos actuar por varias vías, tal y como se describe a continuación.

Prevenir la absorción del tóxico

En caso de que la intoxicación se haya producido por contacto, se debe proceder a un lavado con suero o agua atemperada, y bañar al animal con detergente para pla­tos, que disuelve la grasa (siempre usando guantes). El uso de mayonesa o mantequi­lla puede ayudarnos a eliminar el tóxico si se trata de una sustancia pegajosa.

Para minimizar la absorción digestiva, puede estar indicado en algunos casos provocar el vómito. El fármaco de elección es la apomorfina (0,02 -0,05 mg/kg IV o SC). No se aconseja el uso de sal, ni tampoco de agua oxigenada, dado el riesgo de provocar una gastritis hemorrágica. Nunca se debe provocar el vómito si la sustancia es corrosiva, si se han ingerido trozos muy grandes, ni lógicamente si se trata de una especie que no vomite de forma fisioló­gica, como conejos o roedores.

En caso de que no funcionen los eméti­cos, y siempre que no hayan transcurrido más de 2 horas, se podría proceder a un lavado gástrico. El uso de carbón activado (2-5 mg/kg), está desaconsejado si hay riesgo de neumonía por aspiración. Cuando se use, se aconseja su presentación líquida.

Actualización de la filariosis canina y felina

El doctor Alberto Montoya, presidente del grupo de especialistas en cardiorres­piratorio de AVEPA (Gecar), inició su exposición realizando un resumen de la enfermedad, y expuso algunas novedades al respecto, haciendo especial hincapié en que se trata de una zoonosis emergente y cada vez más extendida en la Penín­sula (hecho totalmente relacionado con la expansión del mosquito tigre). “Cuando se realizan estudios serológicos en poblacio­nes de toda la Península, sorprende que en muchas zonas que creemos libres de enfermedad, aparezcan sueros positivos”, afirmó Montoya.

Por eso, en su opinión, los veterinarios tenemos un papel fundamental a la hora de incluir la filariosis en nuestros protoco­los diagnósticos, así como de informar a los propietarios de animales de compañía sobre la importancia de conocer la enfer­medad y usar las apropiadas medidas preventivas.

Tal y como apuntó el ponente, aunque la filariosis se conoce como “gusano del cora­zón”, lo adecuado sería llamarla también “del pulmón”, ya que antes de llegar al cora­zón pasa por pulmón provocando lesiones que no solo dependerán del número de gusanos, sino de la reacción individual. Además, estas lesiones muchas veces per­manecerán aunque se elimine el parásito.

Aunque las alteraciones típicas son car­diacas y pulmonares, la filariosis también puede provocar insuficiencia hepática y renal. Las microfilarias entran por los túbu­los renales dañándolos, y las Wolvachias que las acompañan pueden provocar glo­merulonefritis por depósito de inmuno­complejos.

Diagnóstico y monitorización

“La forma más efectiva de diagnosticar la filariosis continúa siendo el uso de test que buscan antígeno, pero debemos tener cuidado con algunos, que no detectan machos”, afirmó Montoya, quien hizo hin­capié en que entre un 20 y un 40 % de los positivos no son microfilarémicos y solo un 10-20 % de los positivos son sintomáticos.

Una vez hecho el diagnóstico, existen diferentes parámetros para monitorizar la evolución:

  • Dímero D: es un producto de degrada­ción de la fibrina que detecta si se están formando tromboembolismos tras ins­taurar el tratamiento. En caso de obte­ner valores altos debemos posponer los siguientes tratamientos.
  • Proteína C reactiva: se usa como marca­dor de inflamación. Junto con el dímero D es el marcador de elección para moni­torizar.
  • ProBNP: no nos sirve para monitorizar, ya que solo estará aumentado en fases muy avanzadas de la enfermedad.
  • Los pacientes con filaria no tienen alte­raciones en el ECG.

Tratamiento

Con respecto al tratamiento, Montoya recordó que el protocolo sigue siendo el siguiente:

  • Día 1: tratamos microfilarias con preven­tivo (ivermectina) y wolvachias (doxici­clina 10 mg/kg/12 h, 30 días).
  • Día 60: administramos la primera inyec­ción de melarsomina (2,5 mg/kg lumbar profundo), gracias a la cual morirán los machos y hembras jóvenes.
  • Día 90: en este momento administramos la segunda y tercera dosis de melarso­mina, dejando 24 h entre ellas, para eli­minar las hembras viejas.

Arritmias ventriculares

Alberto Montoya recordó, en otra de sus ponencias, que las arritmias ventriculares pueden deberse a diversos problemas cardiacos, pero también a problemas extracardiacos como estrés, anemia, dolor, piometrs, dilatación-torsión gástrica, etc.

Por otro lado, el ponente hizo hincapié en que se debe tener en cuenta que en animales asintomáticos los criterios solo son válidos si la frecuencia cardiaca está aumentada. Si la frecuencia es inferior a 80 ppm, se conoce como “taquicardia ventricular lenta”, y tratarla presenta más riesgos que no hacerlo. Esta arritmia siempre es secundaria a causas extracardiacas. Una excepción son los casos de arritmias primarias, por ejemplo en el caso de la cardiomiopatía arritmogénica del Boxer o del Doberman en las que, incluso sin síntomas, puede estar indicado un tratamiento antiarrítmico preventivo, aunque igualmente el pronóstico es malo.

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