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PV ARGOS 31/2014    
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Incubación artificial de los huevos de avestruz

Última actualización 12/02/2003@10:16:23 GMT+1

Toda explotación de avestruces que desee llevar a cabo la incubación artificial, antes de diseñar la sala de incubación y determinar el número y tamaño de las incubadoras, deberá hacer un estudio previo de la productividad de sus animales, teniendo en cuenta el número de reproductores, tasa de puesta, capacidad de los locales de cría, disponibilidad de mano de obra, etc. Entre los factores que influyen sobre el éxito de la incubación se encuentran: los factores genéticos, el peso del huevo y la calidad de la cáscara, la alimentación, estado sanitario y edad de los reproductores, la época de monta, la relación machos/hembras, el estrés y el manejo del huevo fértil. Las prácticas de manejo sobre el huevo incubable consisten básicamente en: recolección y selección de los huevos a incubar, lavado y limpieza de los huevos, fumigación, almacenamiento, precalentamiento, incubación, transferencia a las nacedoras y finalmente secado del plumón, desinfección del ombligo y control de peso luego del nacimiento.

Introducción

La técnica de la incubación artificial de los huevos de avestruz comenzó con los conocimientos adquiridos en la incubación de los huevos de gallina, a los que se les fueron añadiendo las particularidades propias de los primeros. La primera incubadora para huevos de avestruz fue patentada por Arthur Douglass en 1867.

En líneas generales las principales pautas de manejo llevadas a cabo en la incubación artificial de los huevos de gallina pueden ser asumidas, teniendo en cuenta las particularidades del tamaño y de los parámetros de incubación que marcan las diferencias, tanto para el diseño de las incubadoras como para el control de la propia incubación.

A lo largo del proceso global que comprende el manejo del huevo fértil y el período de incubación propiamente dicho, hemos de cuidar al máximo las condiciones de higiene. Recordemos que estamos trabajando con un material (los huevos fértiles) recogidos en el suelo, al aire libre y en unas condiciones de temperatura y humedad muy favorables para el desarrollo de microorganismos patógenos.

Toda explotación de avestruces que se incline por llevar a cabo la incubación de sus propios huevos, antes de diseñar la sala de incubación y determinar el número de incubadoras y el tamaño de las mismas, tendrá que hacer un estudio previo de la productividad de sus animales, teniendo en cuenta el número de reproductores, tasa de puesta, capacidad de los locales de cría, disponibilidad de mano de obra, etc.

Actualmente existen en el mercado varios modelos de incubadoras cuya capacidad varía entre dos docenas hasta varios centenares de huevos. Todas ellas han de regular y ajustar con gran exactitud la temperatura, la humedad y el recambio de aire en su interior; así como, efectuar volteo automático de los huevos.

Antes de detallar las prácticas de manejo sobre el huevo incubable y durante el proceso de incubación, es conveniente definir dos conceptos, como son: fertilidad y incubabilidad, que a menudo son confundidos. Ambos parámetros aportan una gran información sobre de los rendimientos de los reproductores.

La fertilidad hace referencia al número de huevos embrionados en relación al número de huevos colocados en la incubadora, una vez desechados los huevos claros tras el primer miraje el día 14 de incubación. Es decir, la fertilidad muestra la aptitud de unión del espermatozoide y el óvulo.

De lo indicado se deduce que una pobre fertilidad sólo puede ser imputable a los reproductores.

Por el contrario, la incubabilidad hace referencia al éxito del proceso de incubación o lo que es lo mismo, la capacidad del huevo para eclosionar, produciendo un pollo viable.

Factores que influyen sobre el éxito de la incubación

1. Factores genéticos:

Actualmente nos encontramos con una gran variabilidad en los huevos de avestruces, tanto en la calidad de la cáscara como en el tamaño de los mismos, debido a una falta de selección y mejora genética de los animales. Ello trae como consecuencia la disparidad de cifras encontradas en la literatura especializada en cuanto a parámetros tales como tasa de incubabilidad, porcentaje de fertilidad o peso al nacimiento, así como, en cuanto a las necesidades ambientales para el proceso de la incubación.

2. Peso del huevo:

El peso del huevo puede oscilar entre 1 y 2 Kg, estando influido por factores tales como: el tamaño de la hembra, el momento del ciclo de puesta, la subespecie y la alimentación.

El peso del huevo determina de forma clara y positiva el peso del pollo al nacimiento, aspecto importante para la vitalidad del recién nacido.

Por otra parte, el tamaño del huevo influye en la viabilidad de los pollitos, en el sentido de que los huevos de gran tamaño producen pollos edematosos y de nacimiento tardío, debido a una falta de intercambio gaseoso y de vapor de agua. Por el contrario, los huevos excesivamente pequeños producen pollos deshidratados, de pequeño tamaño y muy débiles al nacimiento, debido a la gran pérdida de agua durante el proceso de incubación.

3. Calidad de la cáscara:

El grosor de la cáscara varía entre 1,4 y 2,4 mm, con un valor medio entre 1,8 y 2 mm, influyendo en la mayor o menor pérdida de agua durante el proceso de incubación. También existen diferencias en cuanto a la porosidad de la cáscara.

Eliminaremos todos aquellos huevos con anormalidades en la cáscara y con fisuras en la misma, ya que el riesgo de contaminación por microorganismos patógenos es muy elevado.

4. Alimentación de los reproductores:

El huevo debe contener todos los nutrientes que el embrión necesita cuando es puesto por el avestruz. La alimentación de la hembra influye tanto en la calidad como en el tamaño del huevo y, consecuentemente, en la viabilidad y peso al nacimiento del pollito.

Es muy importante mantener una dieta equilibrada durante toda la época de reproducción, evitando carencias vitamínico-minerales. Determinadas avitaminosis y carencias minerales pueden ocasionar importantes alteraciones en el embrión. De ahí que se aconseje incluir un corrector vitamínico-mineral en la dieta de los reproductores.

5. Estado sanitario de los reproductores:

La presencia de agentes infecciosos a lo largo del oviducto y en la cloaca pueden provocar la contaminación de los huevos, dando lugar a una baja tasa de incubabilidad, una elevada mortalidad embrionaria y a un menor peso de los pollos al nacimiento.

Los microorganismos más frecuentes encontrados en los huevos de avestruz son: Escherichia coli y Salmonella spp.

Por otra parte, cualquier proceso patológico que provoque alteraciones metabólicas importantes y una disminución en la absorción de los nutrientes de la dieta, puede ocasionar alteraciones en el desarrollo embrionario. En este sentido, hemos de vigilar la presencia de parásitos internos, ya que en ocasiones son los responsables de una menor disponibilidad de nutrientes por parte del organismo animal. Por ello, recomendamos la desparasitación regular de los reproductores.

6. Edad de los reproductores:

Generalmente los machos reproductores alcanzan la madurez sexual a los tres años y medio, mientras que las hembras son más precoces, alcanzándola a los dos años y medio.

En la primera temporada de puesta los porcentajes de fertilidad son bajos, si bien van aumentando con la edad hasta alcanzar unos valores máximos entorno al 6º o 7º año de puesta.

7. Época de monta:

El período reproductivo abarca en nuestras latitudes desde los meses de febrero-marzo hasta octubre-noviembre, disminuyendo los porcentajes de fertilidad hacia el final del período.

8. Relación machos/hembras:

Los mejores resultados de fertilidad se consiguen con una relación macho:hembra de 1:2 -manejo de los animales en trío-, frente al manejo en grupo, en grandes extensiones de terreno, con una relación de 6 machos por cada 10 hembras.

9. Estrés:

Cualquier situación de estrés que sufran las aves durante la época de reproducción, va a ocasionar una disminución en la de fertilidad y en la tasa de puesta, por lo que debería ser evitada.

Cuando la reproducción no la efectuamos en trío sino en grandes grupos, la presencia de machos muy dominantes que luchan constantemente, es una causa de estrés hacia las hembras, por lo que deberían ser apartados.

Por otra parte, las avestruces son muy sensibles al estrés sónico, de tal manera que los parques de reproducción los situaremos lo más alejados posible de las carreteras principales o de cualquier otro contaminante acústico. Asimismo, la presencia de perros y de animales salvajes puede causar estrés a los animales.

Igualmente, una manipulación excesiva de los reproductores, durante la época de monta, puede ocasionar una situación de estrés crónico, pudiendo afectar negativamente a la reproducción.

10. Manejo del huevo fértil (figura 1):

Desde un punto de vista didáctico, podemos diferenciar en el proceso de incubación dos etapas: la primera etapa o de pre-incubación que abarcaría todas aquellas prácticas de manejo efectuadas desde la puesta del huevo hasta su colocación en el interior de la incubadora. Y, la segunda etapa o incubación propiamente dicha que englobaría también la eclosión o nacimiento del pollo.

El manejo al que se someten los huevos es una de las principales causas de una mala incubabilidad y, además, de relativamente fácil diagnóstico. A continuación nos detendremos en cada una las etapas, señalando las principales normas de manejo de los huevos fértiles, para obtener un cierto éxito a lo largo del proceso de incubación.

Recolección y selección de los huevos a incubar

Para facilitar la recogida de los huevos -ya que es imposible la automatización de la misma-, diseñaremos unos agujeros de 3 m de diámetro y unos 40 cm de profundidad que rellenaremos de arena fina y que actuarán a modo de nido, ya que las hembras los encuentran el lugar ideal para la puesta. Por tanto la recogida será manual. Los huevos deben ser recolectados con cierta frecuencia a lo largo del día, teniendo en cuenta que las avestruces ponen los huevos principalmente a primera hora de la mañana y a última de la tarde.

A medida que aumente el tiempo de permanencia del huevo en el nido, aumentará el riesgo de rotura, de contaminación por gérmenes patógenos, así como el grado de suciedad. Además, el enfriamiento del huevo en el nido implica una entrada de aire del exterior junto con los microorganismos allí presentes.

Los huevos conforme se vayan recogiendo se irán depositando sobre bandejas con alveolos acolchados e individualizados, lo que reduce la posibilidad de rotura. Hemos de evitar que se pongan en contacto entre sí, para que no puedan diseminarse los microorganismos de unos huevos a otros.

Eliminaremos todos aquellos huevos rotos, con fisuras en la cáscara, con formas atípicas, los demasiado pequeños o exageradamente grandes y aquellos excesivamente sucios.

Una vez colocados los huevos sobre las bandejas, procederemos a su identificación -con un lápiz o rotulador- lo que nos permitirá identificar a los progenitores, de esta manera podremos evaluar al final del ciclo la productividad de nuestros reproductores, y actuar en consecuencia. Aquellos huevos que se recojan sucios y deban ser lavados, su marcado se hará posterior al lavado.

Lavado y limpieza de los huevos

Dado que la puesta se realiza en el suelo, al aire libre y que no es posible la recogida automática, la mayoría de los huevos recolectados estarán sucios y con una gran cantidad de polvo, a pesar de la recogida frecuente. De ahí que los huevos deban ser limpiados antes de su almacenamiento, de tal manera que entren en la incubadora con la menor carga microbiana posible.

El mejor método es la limpieza en seco, ayudándonos de un papel, una esponja o un cepillo de púas finas. Pero en la mayoría de los casos la suciedad persiste y nos vemos obligados a lavarlos, para lo cual emplearemos agua templada (40º C) con soluciones de hipoclorito sódico (10 ml de lejía comercial/litro de agua más 50 g de cloro activo), clorhexidina, amonio cuaternario (200 ppm) o compuestos fenólicos. Con el lavado, hemos de tener cuidado, ya que destruimos parte de la cutícula mucilaginosa que rodea la cáscara, favoreciendo, de esta manera, la entrada en el interior del huevo de agentes infecciosos.

Finalmente, aquellos huevos que se recojan con la cáscara húmeda deberán secarse, preferiblemente, con aire caliente antes de su almacenamiento.

Fumigación

Una vez limpios los huevos llevamos a cabo una primera fumigación para liberarles de los gérmenes de la superficie de la cáscara. Para ello el método más empleado es la formalización, aunque tiene el inconveniente que es muy irritante para las mucosas, además de ser cancerígeno. Frente a ello el formaldehído tiene una serie de ventajas como son: se trata de un desinfectante relativamente eficaz, de fácil evaporación, lo que facilita su posibilidad de llegar a puntos que de otro modo serían inaccesibles; se trata además de una sustancia no corrosiva, de precio moderado y que no perjudica de modo alguno ni a los huevos ni a los embriones. Utilizaremos una solución de 80 g de permanganato potásico (KmnO4) y 130 ml de formalina (40% de solución) por cada 3 m3 de espacio, fumigando los huevos durante un tiempo aproximado de 20 minutos. Hemos de tener la precaución de añadir el formol al permanganato potásico, nunca a la inversa.

Junto con la formalización también podemos llevar a cabo la nebulización con otras soluciones desinfectantes a base de amonio cuaternarios o compuestos fenólicos.

Almacenamiento

Tras la fumigación, los huevos serán almacenados en una sala apropiada para dicho fin, donde podamos controlar la temperatura y la humedad. El almacenamiento tiene como objeto el reunir el número suficiente de huevos para cargar la incubadora a pleno rendimiento y el poder trabajar posteriormente durante la fase de cría con lotes homogéneos; a la vez que conseguimos disminuir las necesidades de mano de obra.

Se recomienda que los huevos de avestruces se almacenen durante un máximo de una semana antes de su incubación, a una temperatura entre 12,8 y 18,3º C. Si aumentamos el tiempo de almacenamiento o bien la temperatura supera los 20º C, habrá un aumento significativo de la mortalidad embrionaria, disminuyendo la incubabilidad. La disminución de la viabilidad del embrión puede ser causada por cambios en el embrión y/o por cambios en los otros elementos integrantes del huevo.

Para evitar una pérdida excesiva de agua durante el almacenamiento, la humedad se sitúa alrededor del 75%. Se estima como normal una pérdida del peso al día del 0,12% durante el tiempo que los huevos permanecen almacenados.

Los huevos se pueden colocar en las propias bandejas de las incubadoras en posición vertical, con la cámara de aire hacia arriba. En esta posición vertical permanecerán durante todo el proceso de incubación para prevenir que los embriones adopten malas posiciones.

Siempre que el tiempo de almacenamiento no sobrepase los 8 días procuraremos mover los huevos lo mínimo posible para evitar un aumento de la mortalidad embrionaria. Solamente cuando el tiempo vaya a ser superior se recomienda el volteo de los huevos.

Precalentamiento

Antes de introducir los huevos en la incubadora es conveniente someterlos a un período de aclimatación, mediante un precalentamiento a 25º C durante 12 horas. De esta manera, evitaremos variaciones bruscas de temperatura y que el vapor de agua se condense en la cáscara, taponando los poros.

Este precalentamiento se puede realizar en la propia sala de incubación, por lo que ésta deberá poseer la capacidad de regular su temperatura.

Proceso de incubación: parámetros a considerar

El diseño de una incubadora moderna es en esencia una solución de ingeniería a los parámetros biológicos de temperatura, humedad y recambio de aire.

El control de la temperatura es quizá el factor más crítico para el éxito en la incubación y nacimiento. La temperatura de incubación para los huevos de avestruz oscila entre 36 y 36,5º C, dependiendo del tamaño del huevo, del grosor de la cáscara, de la humedad y del tipo de incubadora. En el interior de la incubadora la temperatura debe ser lo más uniforme posible, evitando fluctuaciones superiores a un grado o grado y medio, ya que ello puede provocar un aumento de la mortalidad embrionaria.

El tiempo medio de incubación a esa temperatura es de 42-43 días. A medida que aumentemos la temperatura, disminuiremos el tiempo de incubación, con lo que el nacimiento de los pollos tendrá lugar antes, provocando el nacimiento de pollos con malformaciones en los ojos y en las patas, pollos edematosos y con presencia de sacos vitelinos exteriorizados. Por el contrario, temperaturas demasiado bajas provocan un retraso en el crecimiento, dando lugar a pollos débiles y blandos, de pequeño tamaño y a pollos "pegajosos".

Durante el proceso de incubación hemos de evitar fallos en el suministro eléctrico que provoque una disminución brusca de la temperatura. Esto es especialmente grave si ello tiene lugar en el último tercio del período embrionario ya que aumentará el porcentaje de mortalidad embrionaria, por lo que sería muy conveniente contar con un generador eléctrico autónomo para casos de emergencia. Serviría también para mantener la temperatura adecuada en los locales de cría de los pollos.

Respecto a la humedad, diremos que éste es el parámetro que más diferencia la incubación del huevo de avestruz del resto de las aves, por sus necesidades extremadamente bajas.

El porcentaje de humedad durante el proceso de incubación va a determinar el grado de evaporación de agua de los huevos, influyendo en el menor o mayor tamaño del pollo. En condiciones normales, la pérdida de peso del huevo durante su incubación varía entre un 12 y un 14%, para lo cual la humedad relativa debe oscilar entre un 20 y un 30%. Por tanto, el mejor medio para verificar la bondad de la humedad es el control de la pérdida de peso de los huevos. Dado que las condiciones de humedad son tan bajas se hace necesario un preacondicionamiento del aire que entra en la incubadora mediante un deshumidificador.

Ambientes excesivamente húmedos provocan una disminución en la pérdida de agua, originando pollos débiles y con edemas. Por el contrario, ambientes muy secos ocasionan una gran pérdida de agua, naciendo pollos deshidratados y débiles, viéndose dificultado su nacimiento al adherirse las membranas de la cáscara.

Por otra parte, el grado de humedad deberá ajustarse en función de la temperatura, en el sentido que a medida que aumentemos la temperatura de incubación disminuyamos el porcentaje de humedad relativa, ya que la temperatura elevada incrementa la actividad metabólica del embrión y, por consiguiente, el agua metabólica, disminuyendo el tiempo de incubación.

Respecto a la ventilación, diremos que ésta ha de permitir el intercambio de oxígeno y anhídrido carbónico a través de la cáscara para facilitar la respiración del embrión. Además la ventilación contribuye a mantener uniforme la temperatura y la humedad en el interior de la incubadora. La concentración de estos gases en el aire tiene un efecto sobre los nacimientos. El aire contiene un 21% de oxígeno y al parecer, ésta es la concentración óptima para el embrión en desarrollo. Cualquier caída del oxígeno por debajo de este valor conduce a un porcentaje bajo de incubabilidad. La concentración de anhídrido carbónico del aire que rodea a los huevos también afecta al número de nacimientos. Los efectos sobre la incubabilidad se hacen notar cuando la concentración de CO2 es superior al 0,5%.

Para conseguir estos objetivos se recomienda un caudal de ventilación de 1,5-2 m3/hora/100 huevos. La renovación del aire está garantizada por las diferencias de presión desencadenadas por el sistema de ventilación interna, mediante la regulación de las trampillas de entrada y salida de aire.

Ante cualquier fallo en el suministro eléctrico y siempre que no contemos con un grupo electrógeno autónomo, es conveniente entreabrir un poco las puertas de la incubadora, pues, aunque disminuirá unos grados la temperatura, esta disminución será menos perjudicial para el embrión que un exceso en la concentración de CO2.

Previa a la introducción de los huevos en la incubadora hemos de graduar perfectamente la temperatura y la humedad ya que una vez cargada es más difícil graduar estos parámetros. Por norma general, la carga de la incubadora se hace semanalmente, con el objeto de racionalizar el trabajo y poder planificar mejor los posteriores lotes de cría. Antes de cargar la incubadora, los huevos se fumigan nuevamente.

Miraje

El miraje tiene como finalidad el detectar huevos claros y los embriones muertos precozmente. Estos huevos serán eliminados para evitar una excesiva evaporación de agua y una fuente de contaminación.

El miraje se efectúa el día 14 de incubación, para lo cual utilizaremos una habitación previamente calentada -hemos de evitar los efectos de un cambio térmico brusco, tomando todas las precauciones posibles. El miraje lo realizamos con ovoscopios especiales. En ocasiones también se puede realizar en la propia incubadora mediante una pequeña luz de magnesio muy brillante.

Opcionalmente se puede efectuar un segundo miraje hacia el día 39, antes de realizar la trasferencia a las nacedoras.

Volteo

A partir del 3º día de incubación los huevos deben ser volteados para impedir que la yema se adhiera a las membranas, lo que daría lugar, en los primeros días de incubación a un deficiente desarrollo de la zona vascular y de los anexos embrionarios. Por otra parte, el volteo contribuye a homogeneizar la temperatura.

El volteo se efectúa de forma automática, sobre un ángulo de 45º a ambos lados de la vertical, y con una frecuencia al menos de 8-10 veces al día. El volteo nunca se debe llevar a cabo en una sola dirección ya que ello puede provocar alteraciones de la membrana corioalantoidea y de otras estructuras internas del huevo.

Trasferencia de los huevos a las nacedoras. Nacimiento.

Tres días antes de la fecha prevista del nacimiento, esto es, hacia el día 39 de incubación se trasladan los huevos a las nacedoras, colocándolos nuevamente en posición vertical con la cámara de aire hacia arriba. Previa a su colocación sería interesante pesar los huevos para saber cuál ha sido su pérdida de peso tras su paso por la incubadora y, de esta manera, prestar una mayor atención aquellos huevos que hayan sufrido una pérdida de agua inadecuada.

Respecto a las condiciones ambientales, hay autores que señalan que la temperatura debería permanecer igual que durante el proceso de incubación, mientras que otros opinan que debería disminuirse en dos grados. Sin embargo, si que hay unanimidad en el hecho de que cuando se inicie la rotura de las cáscaras se aumente la humedad al 50-55%, para favorecer al rotura de las cáscaras y el nacimiento de los pollos.

En las nacedoras no se efectuará volteo de los huevos.

Por término medio trascurren entre 3 y 4 días desde que el pollito irrumpe en la cámara de aire hasta su nacimiento. El proceso de nacimiento se puede ver interferido por problemas nutricionales, genéticos, de mal posición o patológicos. Así mismo, la falta de estímulos exteriores puede retrasar el nacimiento de los pollos y afectar a la propia integridad física de los mismos. En el proceso de incubación natural, los pollos son estimulados durante el proceso de eclosión por los propios animales adultos y demás pollitos de la nidada.

Como práctica de manejo se recomienda vigilar los huevos todos los días, facilitando el nacimiento de aquellos pollos con dificultades, mediante la realización de un orificio de 2 cm. en la cáscara a nivel de la cámara de aire. Pero esto no debe tomarse como una práctica rutinaria, pues en la medida de lo posible los pollos han de nacer por sí solos.

Tras el nacimiento los pollos permanecerán en las nacedoras hasta que sequen perfectamente el plumón. Antes de su traslado a los locales de cría deberán ser pesados -peso al nacimiento aproximado: 500-800 g- para controlar la evolución de su crecimiento posterior. Asimismo, se les desinfectará el ombligo mediante una pomada o solución antiséptica.

Por último, diremos que el suelo de las nacedoras no ha de ser resbaladizo para impedir lesiones a nivel de las patas. Para evitar estas lesiones lo más efectivo es que el nacimiento tenga lugar en cubículos de 20 x 20 cm.

Figura 1.- Croquis del manejo del huevo de avestruz.


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    Últimos comentarios de los lectores (6)

    4624 | FERNANDO - 05/04/2014 @ 21:14:10 (GMT+1)
    BUENAS TARDES,, ESTOY INTERESADO EN ADQUIRIR UNA ENCUBADORA,, DONDE LA PUEDO CONSEGUIR GRACIAS..
    4568 | J.JAVIER IBARRA - 11/03/2014 @ 01:12:12 (GMT+1)
    Me parece muy importante lo que se ha publicado aunque para mi ver resulta muy compleja la forma en que se se debe mantener la temperatura y la humedad en torno a la incubación de los huevos, creo que se pudiera, ser mas factible de alguna otra forma igualmente efectiva para el manejo e incubación le agradecería mucho darlo a conocer.
    4410 | maga - 12/01/2014 @ 19:32:25 (GMT+1)
    Puse en la incubadora huevos de avestruz, (ya llevo 34 días) pero siento olor a podrido. Quiero identificar cual es el huevo que está feo, saben alguna forma casera de saber si un huevo de avestruz está podrido??
    4289 | wendy gutierrez - 18/11/2013 @ 21:30:38 (GMT+1)
    Me parece bueno elreporte es muy tecnico, yo estoy comenzando este proyecto en bolivia, ya tengo tres parejas de 5 años estan en plena produccion de huevos, tengo camaras en los corrales y vemos que si se aparean , pero cuando incubamos nisiquiera hay formacion del embrion, podrian decirme en que puedo estar fallando,
    3374 | anonimo - 04/01/2013 @ 16:58:49 (GMT+1)
    Ha estado muy bien pero eso no a salido lo q te he preguntado esque tengo una hembra y un macho i la hembra ha muerto y no se q hacer de todas formas gracias
    2347 | daniel - 15/11/2011 @ 17:16:43 (GMT+1)
    Muchas gracias me parece de gran ayuda este material, estoy realizando un proyecto de la fabricación y funcionamiento de una incubadora para avestruces, les agradezco me puedan ayudar con todo el material posible. gracias
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