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Adenocarcinoma de húmero en un agapornis

miércoles 02 de mayo de 2018, 08:41h
Adenocarcinoma de húmero en un agapornis

La aparición de abultamientos en la superficie corporal de las aves requiere tanto la exploración clínica como las técnicas complementarias para llegar a un diagnóstico. En este caso, la radiología y la anatomía patológica fueron fundamentales.

Gonzalo Maraver Lerdo de Tejada Miguel Ángel Quevedo Muñoz
Clínica Veterinaria Gran Duque
C/ Hno. Valeriano León
Edificio Trieste - Local 5
Jerez de la Frontera, Cádiz
Imágenes cedidas por los autores e Histolab

Cuando se trata con aves exóticas, el estado del plumaje y la piel pueden dar una idea de aspectos relacionados con su nutrición, manejo y ambiente donde viven. De forma adicional, proporcionan información sobre trastornos psicológicos, hormonales y presuntas enfermedades sistémicas.

Como en cualquier otra especie, la aparición de abultamientos, masas o quistes es motivo de consulta veterinaria. En la exploración, el primer paso es localizar el abultamiento y buscar cualquier posible relación con tejidos anexos (como, por ejemplo, patologías asociadas a glándulas uropígeas, abultamientos en el cuello relacionados con lesiones en esófago o quistes de plumas en diferentes partes del cuerpo). El color, la temperatura y la consistencia de la masa pueden ayudar a identificar la existencia de una reacción inflamatoria asociada, como sucede en ciertos tumores o abscesos. En las aves, a diferencia de los mamíferos, los abscesos no producen pus líquido o pastoso, sino reacciones granulomatosas con contenido caseoso duro que debe ser retirado quirúrgicamente.

Para llegar a un diagnóstico, además de la exploración se hace necesario el uso de técnicas complementarias para la investigación de la masa, abultamiento o quiste. Básicamente, se trata de radiología, hematología, ecografía, citología y anatomía patológica, técnicas que nos ayudarán a confirmar la lesión para poder instaurar el tratamiento más apropiado.

Anamnesis e historia clínica

Se presentó en el centro un ejemplar hembra de agapornis (Agapornis roseicollis) de 10 años de edad y 54 g de peso que presentaba inicio de picaje de plumas alrededor del cuello y un abultamiento en la zona distal del húmero izquierdo que afectaba al codo del ala izquierda (figura 1).

Su propietario indicó que había aparecido unas 2 semanas antes como un pequeño abultamiento en el ala izquierda y que, en los últimos días, había crecido hasta hacerse muy evidente.

También refirió que unos meses antes, el animal había padecido una fractura cerrada de húmero izquierdo, muy distal y cerca del codo; no pudieron identificar la causa y fue tratada mediante inmovilización del ala con vendaje durante 3 semanas. Desde entonces, el agapornis se manejaba en su jaula pero ya no volaba como antes.

Examen físico y radiológico

Durante la exploración, se observó que el ave estaba ligeramente delgada y se detectó la presencia de un abultamiento en el ala izquierda con unas dimensiones de unos 2,5 cm.

La palpación y la coloración de la zona revelaron que la masa tenía contenido líquido con mucha tensión. A la palpación también se apreció un engrosamiento duro en la zona del carpo-metacarpo de ambas alas.

La radiografía reveló una lesión ósea de tercio distal de húmero izquierdo con desaparición de tejido óseo (osteólisis), así como radiopacidad en ambos carpo-metacarpo (figura 2).

Tratamiento

En función de la exploración y placa radiográfica, en el diagnóstico diferencial se incluyó una sospecha de proceso tumoral, osteomielitis e infección local de tejidos blandos adyacentes.

Primera cirugía

Con el fin de intervenir la masa para extraer el contenido, se le administró enrofloxacina 10 mg/kg PO BID 3 días antes de la cirugía. Para la intervención, se premedicó con butorfanol 2 mg/kg IM 15 minutos antes de inducir con isoflurano al 5 % y, para el mantenimiento de la anestesia, se usó isofluorano al 3 %.

Se preparó el área quirúrgica y se extrajo un contenido sero-sanguinolento oscuro que al microscopio reveló una gran cantidad de eritrocitos junto con células blancas tipo heterófilos (con cierto grado de toxicidad) y monocitos. Se limpió todo el contenido de la masa, se resanaron los tejidos blandos y se suturó la piel (figura 3).

Al principio se estableció un tratamiento conservador del ala con el fin de mantenerla para el equilibrio del ave. Tras esa primera intervención, el ala permaneció bastante estable y en posición fisiológica con respecto al cuerpo a pesar de faltarle una porción del tercio medio-distal del húmero. Para evitar complicaciones por automutilación, se le colocó un collar isabelino.

El ave se fue a casa con enrofloxacina en agua de bebida y meloxicam 0,5 mg/kg PO BID.

A los 10 días el ave presentaba un buen aspecto, su actividad había mejorado e incluso había ganado un poco de peso. La herida quirúrgica presentaba buen aspecto, aunque el abultamiento estaba comenzando a crecer otra vez.

Se realizó una punción con la extracción de aproximadamente 1 ml de contenido líquido sero-sanguinolento que, al microscopio, reveló un gran contenido de eritrocitos, heterófilos, monocitos y algunas células en aparente mitosis que hicieron que se sospechara de un posible proceso tumoral. Se tomaron muestras del contenido para análisis microbiológico, aunque los resultados no revelaron bacterias asociadas.

Se repitieron las radiografías y se comprobó que el húmero izquierdo no presentaba un buen aspecto ya que había señales claras de osteólisis en todo el tercio distal y en su cabeza (figura 4). También se apreció reacción ósea en ambos carpo-metacarpos.

Se decidió cambiar el tratamiento a clindamicina 100 mg/kg PO SID. Al cabo de una semana, el abultamiento del ala había vuelto a crecer. Se le extrajo 1,5 ml de líquido sero-sanguinolento y la placa radiográfica reveló que el húmero estaba muy dañado y desintegrándose. La lesión había empeorado mucho en volumen y aspecto (figuras 5 y 6), por lo que se recomendó la amputación del ala izquierda.

Segunda cirugía

Para la intervención, se premedicó con butorfanol 2 mg/kg IM y se anestesió con isoflurano, igual que en la cirugía anterior.

Se preparó el campo quirúrgico: se retiraron las plumas de la zona axilar y parte de las del ala izquierda. Tras la incisión en piel, se accedió a la musculatura de la base del ala para ir desprendiendo poco a poco las inserciones musculares a la base del húmero, con especial cuidado de evitar el sangrado que, en pacientes de ese tamaño, puede ocasionar un desenlace fatal. Una vez desprendido el húmero de la musculatura y los tejidos articulares y tendinosos del hombro, se procedió a suturar en masa todos esos tejidos blandos, previa comprobación de que no existía hemorragia antes de suturar la piel (figuras 7 y 8).

El ave se recuperó sin incidencias y se envió a casa con meloxicam 0,5 mg/kg PO BID; además, se prescribió clindamicina 100 mg/kg PO SID durante un periodo de 2 semanas más.

Del ala amputada se tomaron muestras del abultamiento en la zona del húmero, así como del engrosamiento en carpo-metacarpo, que se conservaron en solución de formol y se enviaron al laboratorio de histopatología (Histolab, Fuengirola, Málaga) para su examen anatomopatológico.

Evolución

En la revisión realizada 2 meses tras la intervención, el propietario comentó que el ave se había adaptado bien a la amputación del ala izquierda, y se comprobó que el paciente se encontraba en buen estado (figura 9).

Figura 9. En una visita de revisión dos meses tras la intervención, se comprueba que el ave se ha adaptado bien a la amputación del ala izquierda y que se encuentra en buen estado.

Diagnóstico

La anatomía patológica reveló dos tipos de lesiones tumorales diferentes asociadas al hueso: en la zona del húmero se trataba de un adenocarcinoma en el cual se observaron glándulas apocrinas asociadas (figuras 10 y 11), mientras que en la zona del carpo-metacarpo los resultados mostraron la presencia de un osteoma (figura 12).

Figuras 10 y 11. La anatomía patológica revela en la zona del húmero un tipo de lesión tumoral asociada a hueso; se trata de un adenocarcinoma. Además, se observan glándulas apocrinas asociadas.

Discusión

Según el historial del ave, todo comenzó con una fractura distal del húmero izquierdo, al parecer espontánea y sin causa aparente. Normalmente las fracturas se asocian a traumatismos, pero no se pueden descartar otras patologías, como tumores óseos. El inicio de picaje de plumas alrededor del cuello muestra que ciertos casos de picaje están asociados a dolor, malestar o lesiones internas que hay que investigar. La aparición de abultamientos, masas o quistes en la superficie corporal de las aves necesita, no solo de la exploración veterinaria rutinaria, sino también de técnicas complementarias para llegar a un diagnóstico concluyente.

En el caso que nos ocupa, la radiología, la citología, la microbiología y, principalmente, la anatomía patológica fueron fundamentales para llegar al diagnóstico.

Figura 12. En la zona del carpo-metacarpo, el resultado de la anatomía patológica muestra un tipo de lesión tumoral asociada a hueso. En este caso se trata de un osteoma.

Los adenocarcinomas suelen darse con cierta frecuencia en el proventrículo de las aves (Schmidt RE et al., 2003), incluso hay autores que relacionan el Macrorhabdus ornithogaster con la aparición de adenocarcinomas en proventrículo (Garner M.M., 2014). También se describen en el oviducto de las hembras (Reavill D., 2003) y en la glándula uropigial en periquitos, canarios, amazonas de frente amarilla, agapornis y cotorras ciruelas. Hay descripciones de casos en hígado de amazonas, loris y pericos rosella (Elizabeth V. Hillyer et al. 1989); en páncreas, en minas de Bali (Rosskopf WJ Jr et al., 1982) y en riñones de periquitos (Van Toor Aj et al. 1984).

Aunque sean menos frecuentes que los tumores primarios en hueso (osteosarcomas), los adenocarcinomas de sacos aéreos deben ser incluidos en el diagnóstico diferencial de procesos de osteólisis en aves (Schmidt R.E. et al., 2003).

Estos adenocarcinomas de sacos aéreos se han descrito en ejemplares de cuatro órdenes de aves: Psittaciformes, Columbiformes, Falconiformes y Cuculiformes y, en algunos de ellos, se han identificado procesos degenerativos de huesos en húmero y en fémur (Garner M., 2003).

En este caso clínico se desconoce el origen del tumor en el húmero y, aunque se sospecha, no se ha podido confirmar mediante necropsia que se trate de un adenocarcinoma de sacos aéreos ya que, afortunadamente, este agapornis sigue vivo.

También se tiene la sospecha de que puede haber metástasis debido a la presencia de reacciones óseas de ambos carpo-metacarpos.

El pronóstico en general suele ser malo si existe evidencia radiográfica de lesiones óseas y signos de metástasis en otras partes del cuerpo. Ante un caso de estas características, es imprescindible informar al propietario acerca de la patología y mejorar en todo lo posible el bienestar del ave. Por otro lado, se podrían valorar las posibilidades de tratamientos con quimioterapia con la administración de carboplatino intralesional o 5 mg/kg IV, IO, en infusión unos 3 minutos, en 3 sesiones a intervalos de 4 semanas (Macwhirter P., 2002).

Agradecimientos

Los autores agradecen a Histolab las imágenes microscópicas (figuras 10, 11 y 12) cedidas amablemente para este artículo.

Bibliografía disponible en: www.argos.grupoasis.com/bibliografias/agapornis197.doc

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