Sheila Riera es la coordinadora de redacción de la revista Argos y escribe la columna de opinión que aparece en la página tres de cada número de la publicación. En esta ocasión, expone el problema de la mala estructura de comunicación que afecta a tantas y tantas empresas.
Sheila Riera Forteza es licenciada en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza y coordinadora de redacción de la revista Argos
.Las células se comunican mediante mecanismos sencillos. Ésa es la conclusión a la que ha llegado el equipo de científicos liderado por el profesor Martin Lackmann, de la Universidad de Monash (Australia) al estudiar la forma en que las células comunican cualquier cambio como, por ejemplo, su localización durante la expansión del cáncer en el cuerpo, a otras adyacentes.
El mecanismo consiste, por lo visto, en un cambio transitorio en la forma de un receptor de la superficie celular que activa una determinada proteasa. Este descubrimiento es muy relevante, puesto que abre nuevas vías para el desarrollo de medicamentos que reconozcan dicho cambio y prevengan que una célula “avise” a otras. El objetivo final es ralentizar o incluso detener la extensión de enfermedades como el cáncer, la artritis reumatoide o la enfermedad de Alzheimer.
La Naturaleza demuestra su sabiduría una vez más, puesto que cuanto más simple es un proceso de comunicación, más efectivo resulta. De hecho, no olvidemos que el objetivo de la comunicación es que el receptor reciba –y comprenda- el mensaje que ha enviado el emisor. Claro, que en nuestra mano está que dicho proceso sea simple o, por el contrario, conste de tantos pasos que se pierda información -y un tiempo precioso- por el camino.
¿Es adecuado el flujo de comunicación en nuestro centro?Decía Benjamin Franklin que, “si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”. Reflexionemos un momento en el tiempo que perdemos a lo largo del día en procesos de comunicación mal establecidos: que si me han dicho, que si me han dicho que te diga, que si me han dicho que te tenía que decir… Y, así, un sinfín de situaciones esperpénticas en las que hasta nos entra la risa cuando nos damos cuenta de que nuestro día a día parece una película de los hermanos Marx.
Como remarca Héctor Gómez en un artículo publicado en el número 114 de la revista Argos (
¿Es un buen momento para el cambio?): “Desarrollar y mantener actualizados los procedimientos de trabajo y conseguir una adecuada coordinación de distintas áreas de trabajo es vital para garantizar el perfecto funcionamiento del centro y la buena sintonía del personal entre ellos mismos y con los clientes”. Y ésa es, precisamente, la clave de la cuestión: si la buena atención al cliente es básica, la perfecta armonía entre los trabajadores es fundamental. De lo contrario, la jornada laboral transcurre entre malentendidos, informaciones repetidas o no comunicadas y, en ocasiones, hasta discusiones o enfados derivados de un proceso mal establecido desde el principio.
Tomemos ejemplo y simplifiquemos en la medida de lo posible los procesos de comunicación con nuestros compañeros. Si las células pueden -y les funciona- nosotros también deberíamos ser capaces de hacerlo.