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Última actualización 14/06/2010@17:32:35 GMT+1
Los primates son animales que aparecen con bastante frecuencia en los parques zoológicos. No obstante son muy diferentes entre sí y cada especie requiere unas atenciones apropiadas para que su estancia en cautividad sea lo menos estresante posible.
Foto de un macaco obeso del zoo Ohama Park en Sakai, Osaka (Japón).
Tamara Villar, Diego Vázquez y Lorena Pulleiro. Estudiantes de segundo ciclo. Facultad de Veterinaria de Lugo. Universidad de Santiago de Compostela.

El manejo de primates en cautividad requiere un cuidado y alojamiento especiales que tengan en cuenta sus necesidades físicas, fisiológicas, psicológicas y sociales, satisfaciendo lo que se denomina bienestar animal (IPS, 2007), mensurable por varias propiedades como son estar libre de dolor, sufrimiento y estrés.
Según la literatura científica, el estrés implica cualquier factor que actúe interna o externamente al cual es difícil adaptarse y que induce un aumento en el esfuerzo por parte del animal para mantener un estado de equilibrio del medio interno (homeostasis) con su ambiente externo. Tal y como señalan Illera et al. (2007), la adaptación al estrés es una respuesta neuroendocrina que afecta a diferentes sistemas orgánicos dando lugar a adaptaciones que hacen frente al estímulo estresante.

Clasificación del estrés
En Medicina Veterinaria, el estrés puede clasificarse en cuatro tipos en función del agente causal:
1) estrés social (por cambios en las jerarquías del grupo: aislamiento, hacinamiento, etc.);
2) estrés medioambiental (por alteraciones en el medio en el que se desenvuelven: cambios en el fotoperiodo, en la temperatura ambiental, etc.);
3) estrés de manejo (asociado básicamente a la manipulación realizada por el hombre); y
4) estrés endógeno (por factores intrínsecos al animal: dolor, cambios endocrinos, enfermedades, etc.).


En el caso de los primates que viven en zoos, Conrad Enseñat (1998), veterinario del Parque Zoológico de Barcelona, en una interesante ponencia presentada en 1998 en las II Jornadas de Medicina Veterinaria en Animales de Zoo celebradas en Madrid, señala la necesidad de que los veterinarios que trabajan en estas instituciones tengan un buen conocimiento acerca de la taxonomía de los primates, con el fin de saber cuáles son sus requerimientos, pues no todos los primates son iguales ni tienen las mismas demandas.
El propósito de este trabajo es realizar una primera aproximación de cuáles son los factores de estrés que merman el bienestar animal en los zoos.

Las instalaciones
El diseño de las instalaciones debe tener en cuenta factores como el tamaño de la especie, el número de animales a alojar, sus hábitos, etc.
Una instalación nunca es, por principio, excesivamente grande; cuanto mayor sea el espacio que podamos proporcionar menores serán los problemas que aparecerán. En espacios muy grandes pueden incluso mantenerse varios grupos e incluso distintas especies compatibles. Sin embargo, dado que el espacio suele ser limitado es muy importante el correcto aprovechamiento para que sea óptimamente utilizado.

Una de las cuestiones más elementales que debemos analizar es si se trata de una especie eminentemente terrestre, arborícola o bien es exclusivamente arborícola. Con esta información básica sabremos si la instalación debe extenderse a lo largo o a lo alto, si requiere grandes estructuras verticales o amplias zonas llanas.
En general no hay que olvidar que las jaulas tienen tres dimensiones y que por tanto, para poder utilizar todo el volumen disponible, es necesario proveer de estructuras a la instalación. Esto permite establecer el concepto de espacio útil que no es el total de la instalación sino aquel al que tiene acceso real el animal.


Además de la falta de espacio, otro problema lo constituye el suelo de las jaulas, a veces de cemento y para el que no están adaptados, y que acaba provocando problemas en el apoyo del animal (úlceras, callosidades, heridas por abrasión, etc.).
Otro concepto importante es el de barreras visuales; están constituidas por elementos opacos, troncos, piedras, desniveles del terreno, vegetación, paneles, etc. que permiten que los individuos se separen en cuanto existen comportamientos antagonistas. La existencia de éstas impide que los animales dominantes tengan un control continuo sobre el resto de ejemplares y reduce notablemente el estrés social que ello genera.

La existencia de varias instalaciones interconectadas es uno de los mejores sistemas ya que no sólo permite escapar a los animales agredidos, sino que permite separar voluntariamente a un animal que, por ejemplo, está siendo tratado.


El contacto con los seres humanos debe estar también restringido y no es en absoluto recomendable que se permita el acceso a todo el perímetro de la instalación ya que impide que los animales tengan un grado suficiente de "intimidad".

Otra de las condiciones negativas para estos animales es la entrada masiva de gente que arroja alimentos al interior de los habitáculos (a pesar de estar prohibido) y contribuye a llenar los mismos de basura, además de generar más contaminación acústica de la que ya se supone en un lugar de estas características y de molestarlos con miles de flashes diariamente.
Un estudio realizado en el año 2007 por el De Ruiter, de la Universidad de Durham (UK) en colaboración con el Chester Zoo, demostraba que la simple medida de colocar un cercado de vegetación simulando su hábitat, donde se pudiesen esconder ventanas desde las que observar a los animales, reducía considerablemente su estrés. Lo mismo sucedía cuando se ampliaban los habitáculos donde vivían. Este tipo de medidas serían un pequeño avance en el bienestar animal.


Finalmente es muy importante recordar que actualmente existe una herramienta muy útil como es el "enriquecimiento comportamental" que consiste en la utilización de diversas estrategias para mantener "ocupado" al animal. El concepto básico es que el animal tenga actividades que realizar y que no caiga en la monotonía que tanto les afecta (Enseñat, 1998; Soriano y Serrat, 2005).

La alimentación
Los primates se alimentan básicamente de productos vegetales (hojas, ramas, brotes, hierbas, néctar, frutas, semillas, etc.) y de productos animales (invertebrados, pequeños vertebrados, huevos, carroña, etc.).
Las distintas especies necesitan, sin embargo, unas proporciones distintas de cada grupo de alimentos. Una dieta inadecuada para la especie en cuestión producirá alteraciones que pueden llegar a suponer la muerte del animal. En caso de que estas deficiencias se produzcan durante la etapa de crecimiento se pueden observar anomalías en el desarrollo como pueden ser raquitismo, enanismo, etc.

Aun así, la falta de ejercicio propia de instalaciones inadecuadas favorece el sedentarismo y, por ende, el desarrollo de patologías metabólicas.


En general los primates son omnívoros y aprovechan cualquier potencial fuente de alimentación; sin embargo, si ponemos a su disposición algunos alimentos que no encuentran con la misma frecuencia en su hábitat natural no suelen ser capaces de autorregular su consumo y se producen los desequilibrios en cuestión, con riesgo de obesidad.
Otro de los mitos más habituales es que los primates consumen básicamente fruta. La mayor parte de primates tiene, además, una alimentación rica en fibra que obtiene a partir de otros vegetales, ya que las frutas no suelen estar siempre disponibles en la naturaleza. La adición de ramas o verduras a la dieta sirve para corregir este error, sin embargo no es conveniente que los animales tengan siempre todos los alimentos a la vez ya que de este modo sólo comen los que les resultan más atractivos. Una dieta equilibrada lo debe ser en su conjunto y no es necesario que lo sea día a día.
En cuanto a las carencias minerales la más común es la de calcio, bien a nivel absoluto, a nivel relativo con el fósforo, por carencia de vitamina D o por una alimentación excesivamente rica en proteínas. Cualquiera de estos factores puede ocasionar la aparición de alteraciones óseas debido a la imposibilidad fisiológica de fijar adecuadamente el calcio en los huesos. Es necesario establecer cuál es la causa básica de dicha alteración ya que en algunos casos la simple adición de compuestos cálcicos no es suficiente.

La estructura social
Los primates son en general animales sociales; la relación con otros individuos de su especie es, por tanto, básica para el adecuado mantenimiento de casi todas las especies. El aislamiento social suele producir alteraciones de la conducta que pueden llegar a ser muy graves, tal vez la automutilación de extremidades, el hiperacicalamiento o movimientos estereotipados son síntomas que observamos con demasiada frecuencia.

Las estereotipias son manifestaciones neuroconductuales de movimientos de patrón fijo y repetitivo de expresión motora o vocal sin finalidad alguna (Muñoz-Yunta et al., 2005). En primates puede manifestarse de distintas maneras dependiendo de la especie (movimientos en círculos, sacudidas, balanceos…).


Otras veces las alteraciones en el comportamiento se manifiestan con conductas aberrantes como jugar con las heces y esparcirlas por las paredes, jugar con la comida simulando cazarla y matarla, etc.
No existe ninguna excusa para el mantenimiento de estos mamíferos aislados de sus congéneres ya que, debido a su desarrollada capacidad cognitiva, se provoca en ellos un sufrimiento totalmente inaceptable.

Una secuela de este aislamiento aparecen en las hembras que han parido y que presentan conductas maternales anómalas: las madres rechazan a sus crías quizás debido a que al vivir en cautiverio no han aprendido de sus congéneres los comportamientos maternales normales.


Es fundamental, pues, ajustar la instalación a la estructura social propia de cada especie, teniendo además en cuenta, tal y como señala Enseñat (1998) que ésta no es estable sino que varía en el tiempo, por ello es muy importante mantener una vigilancia constante para detectar la aparición de conductas antagonistas que puedan indicar posibles agresiones más graves.
Por otra parte, aunque exista una estructura social estable las agresiones suelen formar parte del comportamiento habitual; por ello es básico que las instalaciones donde se mantienen a los primates permitan que un individuo "escape" a estos ataques y no esté bajo estrés permanente.

Conclusion
En los zoos de medio mundo se observan condiciones que distan demasiado de las que un animal podría tener en su hábitat natural: los primates llegan a vivir en espacios muy reducidos y en ciertos casos, hacinados.
Cada poco tiempo vemos en los medios de comunicación noticias referentes a comportamientos agresivos de los primates hacia sus cuidadores o hacia otros elementos del grupo, dando a entender que el problema “lo tienen ellos”. Aunque los zoológicos muestran sus instalaciones como un lugar perfecto en el que los animales llevan una existencia idílica, atendiendo a datos como los anteriores se pone de manifiesto que lejos de esa imagen edénica nos encontramos con un lugar en el que los animales sufren día a día el ansia del ser humano de tenerlo todo al alcance de la mano.
El bienestar animal, entendido en sus justos términos, consiste en proporcionar a estos seres unas condiciones de vida adecuadas a sus necesidades fisiológicas y de comportamiento, que no se satisfacen simplemente con alimentación, limpieza o alojamiento, sino que se requiere que todo ello vaya referido a la condición etológica (que determinará el alcance de las mismas). Parte, por tanto, de la naturaleza sensible de los animales e impone al hombre la obligación jurídica, cuanto menos ética, de hacer todo lo posible por evitar y minimizar los supuestos en que son sometidos a situaciones que les generan sufrimiento físico o psíquico.
La problemática que suscitan estos lugares debería llegar a todo el mundo mediante campañas en medios de comunicación donde se conciencie a la gente acerca de la importancia que reviste el bienestar animal en este tipo de instalaciones, que cada uno tiene su ambiente y, al igual que a la mayoría de las personas no les gustaría que se les sacase de sus respectivas casas y ciudades, un animal (que no tiene nuestra capacidad de raciocinio) no es capaz de asimilarlo y le provoca todas estas alteraciones. No debemos olvidar que por ejemplo los chimpancés y los humanos tienen en común un 99% de sus genes, así que no somos tan diferentes como pensamos.
La información con la que realizamos este trabajo debería ser divulgada en la sociedad y así probablemente podríamos dar un gran paso adelante en el bienestar de estos animales, de lo contrario nada cambiará. Las personas deberíamos ser más conscientes y consecuentes con nuestros actos e intentar con esto dar ejemplo a las personas a las que aún podemos educar.
Amamos lo que conocemos.

Bibliografía

De Ruiter J. (2007). Reducing stress levels at Chester zoo. Disponible en: http://primatology.net/2007/04/18/reducing-stress-levels-at-chester-zoo

Enseñat i Canela C. (1998). Conservación y manejo de primates en parques zoológicos. II Jornadas de Medicina Veterinaria en Animales de Zoo, Facultad de Veterinaria, Madrid. Disponible en: http://www.colveto.com/especial/otras/art/arti03.htm

Illera, JC., Gil, F., Silvan, G. (2007). Regulación neuroendocrina del estrés y dolor en el toro de Lidia (Bos Taurus l.): estudio preliminar. Revista Complutense de Ciencias Veterinarias 2:1-6

IPS (Internacional Primatological Society) (2007). Directrices internacionales para la adquisición, el cuidado y la reproducción de primates no humanos. Elaborado por el Comité de Manejo en Cautividad de la Sociedad Internacional de Primatología. Disponible en: http://www.internationalprimatologicalsociety.org

Muñoz-Yunta JA., Palau-Baduell M, Díaz F, Aznar G, Veizaga JG, Valls-Santasusana A, Salvadó-Salvadó B, Maldonado A. (2005). Fisiopatogenia de las estereotipias y su relación con los trastornos generalizados del desarrollo. Rev Neurol 41 (Supl. 1):S139-S147.

Soriano AI., Serrat S. (2005). ¿Cómo estimulamos las mentes de los animales en el zoo de Barcelona? Ide@Sostenible, año 2(11).

NOTA:
Los contenidos expuestos en el presente trabajo han sido elaborados bajo la tutorización de la doctora Cristina Castillo, de la Facultad de Veterinaria de Lugo (USC).
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