Igual que ocurre con el cuadro clínico, la leishmaniosis canina muestra un cuadro lesional muy variable y sin lesiones patognomónicas. De todas formas, hay lesiones que suelen repetirse en los perros con leishmaniosis, y son éstas las que se van a explicar en este artículo.
Lluís Ferrer, med vet, PhD, Dipl ECVD (1). Xavier Roura, med vet, PhD, Dipl ECVIM-CA. (2) (1) Miembro del grupo LeishVet. Facultad de Veterinaria, Universitat Autònoma de Barcelona.
(2) Miembro del Grupo de Estudio de la Leishmaniosis Canina (GSLC). Hospital Clínic Veterinari, Universitat Autònoma de Barcelona.
El cuadro lesional de la leishmaniosis canina es, al igual que el cuadro clínico, extremadamente variable y no existe un conjunto de lesiones que se pueda considerar característico o típico. Este hecho, de nuevo, es consecuencia del gran número de mecanismos patogénicos implicados en la enfermedad y también de la existencia de infecciones secundarias o de otras complicaciones que se presentan en algunos perros. A pesar de ello, algunas lesiones son bastante constantes en los perros que presentan leishmaniosis y son éstas las que describiremos a continuación, conscientes, sin embargo, que existen numerosas formas atípicas y cuadros lesionales muy singulares que sería imposible ilustrar de forma detallada.
Lesiones macroscópicas
En la necropsia de un perro que ha fallecido a causa de la leishmaniosis las lesiones macroscópicas no son muy evidentes e incluso pueden ser mínimas.
Destacan, en primer lugar, las lesiones cutáneas, que ya se han comentado en capítulos anteriores. Áreas cutáneas de hipotricosis o alopecia, con o sin exfoliación, úlceras o lesiones nodulares y onicodistrofias son comunes en los perros afectados por la enfermedad (figuras 1-4).
Los nódulos linfáticos periféricos e internos suelen aparecer aumentados de tamaño, en ocasiones de forma muy marcada.
En las vísceras, las lesiones no son muy evidentes ni tampoco constantes. Entre las lesiones macroscópicas que se observan con mayor frecuencia destacan las hemorragias, en especial de tipo petequial y situadas en membranas serosas (figura 5), que suelen ser consecuencia de vasculitis y las lesiones renales, correspondientes a glomerulonefritis de diferente tipo e intensidad (figuras 6 y 7). En algunos pacientes se aprecian lesiones hemorrágicas más graves, frecuentemente en el tracto digestivo, y que probablemente son resultado de diferentes mecanismos patogénicos (vasculitis, inflamación, enfermedad renal) (figura 8).
Lesiones microscópicas
Por el contrario, las lesiones histopatológicas son muy comunes, afectan a muchos órganos y son bastante características. La lesión más característica es una inflamación de granulomatosa a linfoplasmocitaria, en ocasiones piogranulomatosa; con mayor o menor presencia de macrófagos infectados por Leishmania (figuras 9 y 10).
En los casos avanzados de leishmaniosis, que son los que suelen llegar a la sala de necropsias, la mayoría de órganos aparecen afectados, con mayor o menor grado e intensidad. De hecho, se ha descrito la presencia del parásito en la práctica totalidad de los órganos parenquimatosos (hígado, páncreas, riñones, testículos, adrenales, pulmones...) e incluso en la musculatura y, muy raramente, en sistema nervioso central.
Los órganos linfáticos (nódulos linfáticos, bazo) presentan una hiperplasia reactiva, que afecta en tanto a las zonas B (folículos) como a las zonas T (cordones medulares) y también suelen mostrar infiltrados inflamatorios granulomatosos y amastigotes de Leishmania. Por eso, cuando se realiza una citología por aspiración de un nódulo linfático la imagen que se observa es la de una hiperplasia reactiva (linfocitos pequeños, linfoblastos, células plasmáticas y algún macrófago).
Los perros enfermos de leishmaniosis presentan un segundo tipo de lesiones microscópicas: las lesiones inmunomediadas. Las más frecuentes son la vasculitis (figura 11) y la glomerulonefritis, ésta última de diferentes tipos (membranoproliferativa, membranosa, mesangioproliferativa...) (figuras 12 y 13).
Elección de muestras y pruebas complementarias
En cualquier caso, el diagnóstico anatomopatológico de la leishmaniosis es relativamente sencillo si se realiza un buen estudio histopatológico. Aunque en ciertos casos puede ser necesario utilizar técnicas inmunocitoquímicas para detectar los amastigotes de Leishmania en los tejidos (figura 10), en la gran mayoría de ocasiones el parásito se observa con facilidad.
Si se realiza la necropsia de un perro sospechoso es importante seleccionar para el posterior estudio histopatológico muestras de piel (diferentes localizaciones, en especial las que presentan lesiones), de órganos linfáticos (ganglios linfáticos, bazo) y de varios órganos parenquimatosos (riñón, hígado, testículo,..) y fijarlas, como es habitual, en formol al 10%.
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Agradecemos al Servicio de Patología Veterinaria de la Universitat Autònoma de Barcelona la cesión de las imágenes 5-13.