Gustavo Sánchez Visconti Doctor en Farmacia. LAV
lav@lav-asoria.com Madrid
Imágenes cedidas por el autor La alergia es una reacción alterada del organismo frente a una partícula llamada alergeno (inocua para la mayoría de los sujetos), que al entrar en contacto con él, produce una reacción adversa en el mismo definida como reacción alérgica. En realidad cuando hablamos de alergia nos referimos a reacciones de hipersensibilidad de tipo I o reacciones anafilácticas mediadas por inmunoglobulinas E (IgE). En los animales las reacciones alérgicas más comunes son la dermatitis atópica, la hipersensibilidad alimentaria y la alergia a picadura de pulgas, que a menudo van unidas.
Mecanismo de hipersensibilidad de tipo I Cuando un alergeno penetra por primera vez en el organismo de un sujeto hipersensible es fagocitado por los macrófagos, presentando posteriormente en su superficie las proteínas del alergeno. Esto activa los linfocitos T, que identifican el alergeno y envían señales (mediadores químicos) a los linfocitos B, los cuales se transforman en células plasmáticas. La finalidad de las células plasmáticas es la producción de anticuerpos y en este caso se producen IgE. Estas inmunoglobulinas E se fijan a la superficie de células mediadoras como los mastocitos o células cebadas (localizados en los tejidos conectivo y subcutáneo) así como a basófilos circulantes. En esta situación el organismo se halla en un estado de sensibilización frente a ese alergeno.
Tras una segunda exposición al alergeno, éste se une a dos moléculas de IgE de la superficie de los mastocitos (previamente sensibilizados como vimos antes), formando un puente. Tras esta unión, los mastocitos producen la liberación de mediadores químicos, responsables de las manifestaciones inflamatorias de la piel, como eritema, edema, prurito, etc., gracias a un aumento de la permeabilidad vascular y vasodilatación periférica (figura 1). Entre los mediadores químicos liberados se encuentran: histamina, prostaglandinas, tromboxanos, leucotrienos (en general todos los metabolitos del ácido araquidónico) y además factores quimiotácticos que atraen a los eosinófilos, los cuales sufren una desgranulación con la consecuente liberación de mediadores químicos, contribuyendo también a las reacciones inflamatorias.
 |
Figura 1. Reacción de hipersensibilidad de tipo I. En el esquema se definen los siguientes pasos del 1 al 4: 1- El alergeno que entra en el organismo es interceptado por el macrófago. 2- El macrófago ingiere el alergeno y presenta sus proteínas en la superficie con el fin de activar los linfocitos T. 3- Los linfocitos T identifican el alergeno y envían una señal a los linfocitos B, que se transforman en células plasmáticas. 4- Las células plasmáticas producen anticuerpos (IgE) contra el alergeno. La IgE se une a la superficie de los mastocitos. El sistema inmune está ahora sensibilizado frente a un alergeno concreto. Tras una segunda exposición al alergeno, el mastocito se activa y libera mediadores como histamina, prostaglandinas, leucotrienos, tromboxanos, etc. que son los causantes de los síntomas de la alergia. |
Entre las hipersensibilidades de tipo I, dos de las más frecuentes son la dermatitis atópica y la hipersensibilidad alimentaria, como anteriormente hemos comentado.
Dermatitis atópica La aparición de síntomas suele producirse entre los 6 meses y 3 años de edad del animal, es rara antes de los 6 meses y a veces puede ser estacional. Es inusual observar síntomas clínicos después de los 7 años. Se manifiesta por lesiones en la piel, como prurito, eritema, caída de pelo, hiperqueratosis, hiperpigmentación y xerosis entre otros, aunque también se pueden manifestar signos de otitis y conjuntivitis. A veces pueden aparecer signos no cutáneos como rinitis, tos y asma, sobre todo en los gatos.
Lo principal es descartar sarna, alergia a picaduras de pulga, infecciones por Malasezzia, foliculitis bacterianas y otro tipo de hipersensibilidades. En estos casos la experiencia tiene un papel destacado.
Diagnóstico Es importante tener en cuenta que el diagnóstico de una dermatitis atópica es básicamente clínico, si bien es cierto que las biopsias de piel ayudan al mismo. Por tanto, la determinación de IgE, tanto totales como específicas, no sirve como método diagnóstico.
Como es bien sabido las IgE no sólo aumentan en procesos atópicos, sino también en parasitosis y en ciertos procesos respiratorios. En algunos laboratorios es común medir los niveles de IgE totales como diagnóstico de un proceso alérgico y si esos niveles son altos, se determina el tipo de alergeno adverso al animal. Este método es erróneo, ya que puede dar lugar a falsos positivos, puesto que los animales parasitados presentan niveles de IgE anormalmente elevados. Además, en la bibliografía consultada, todos los autores indican que la determinación de IgE sólo sirve para comenzar un tratamiento de hiposensibilización, al no existir correlación entre los niveles de IgE plasmáticos y la gravedad de los síntomas.
Alergenos ambientales Los alergenos ambientales implicados en esta alteración pueden ser de distinto origen como hierbas, árboles, ácaros, fibras, etc. e incluso alimentos. Un ejemplo de algunos de ellos se muestra en la tabla 1, que está basada en el mapa polínico de nuestro territorio y en los alergenos ambientales más frecuentes. Solamente las partículas “difusas” en el ambiente de dimensiones superiores a siete micras son capaces de comportarse como alergenos, y están compuestos por moléculas que incluyen proteínas o glicoproteínas. Por eso los pólenes de las coníferas, como los de los pinos, no producen reacciones alérgicas debido a que están recubiertos de una capa lipídica, evitando así el contacto con la parte proteica. Las plantas que se polinizan por insectos no son un gran problema por su escasa difusión aérea.
Hipersensibilidad alimentaria Se define como una reacción adversa al alimento con una base inmunológica comprobada. Por tanto, no se debe confundir con la anafilaxia e intolerancia alimentarias, que son otro tipo de reacciones a los alimentos en las que no está implicado el sistema inmunitario. Los alergenos alimentarios implicados suelen contener glicoproteínas hidrosolubles y un peso molecular entre 10.000 y 70.000 daltons.
A menudo es difícil distinguir entre una hipersensibilidad alimentaria y una dermatitis atópica, ya que en ambos casos aparecen síntomas cutáneos, principalmente prurito y trastornos gastrointestinales, aunque también suelen manifestarse síntomas como seborrea, piodermas, otitis bilateral, etc. También conviene descartar otras enfermedades que impliquen síntomas cutáneos.
Las dietas de eliminación son la mejor forma de diagnóstico en este tipo de alteración. Se comienza eliminando los alimentos que el animal suele ingerir, y administrando una dieta con alimentos que nunca haya probado. Este procedimiento debe durar entre 6 y 8 semanas. Después de esto y cuando exista una remisión completa, se añade la dieta anterior (enteramente o ingrediente por ingrediente, según distintos autores) para detectar si hay una recaída.
Tratamiento La mejor terapia consiste en eliminar el agente que provoca la reacción alérgica, algo más fácil si se trata de alimentos. Pero, en el caso de alergenos ambientales, es más complicado o imposible. Normalmente se recurre al tratamiento con fármacos para conseguir un alivio temporal de los síntomas, o en el caso de que la terapia de hiposensibilización (como veremos más adelante) no surta efecto. Entre los más utilizados están los corticosteroides, que inhiben la inflamación al bloquear la síntesis de prostaglandinas y leucotrienos. Sin embargo, la terapia no debe ser permanente, ya que producen muchos efectos secundarios de sobra conocidos. Otros fármacos empleados son: antihistamínicos, estimulantes beta como la adrenalina, ciclosporinas, ácidos grasos esenciales, etc.
Terapia de hiposensibilización Independientemente de la terapia con fármacos, la valoración de los niveles de IgE específicas es muy efectiva en la mayoría de los animales a la hora de comenzar un tratamiento de hiposensibilización, ya que consigue una remisión estable y duradera.
El método que utilizamos en nuestro laboratorio es uno de Estados Unidos (Spectrum Group) pionero en España en este tipo de análisis. Es uno de los más específicos, ya que elimina las IgE debidas a parásitos introduciendo en el tubo de ensayo una bola de vidrio a la que se le han fijado antígenos de helmintos. Las IgG al ser moléculas grandes y estar en cantidades mayores que las IgE, pueden interferir con el método analítico y se eliminan añadiendo al tubo otra bola de vidrio que lleva acoplada proteína A de estafilococo, ya que tiene alta afinidad por estas inmunoglobulinas (figura 2). La determinación de IgE se lleva a cabo por el método ELISA y se obtienen distintas positividades y sensibilidades frente a los diferentes alergenos a ensayar.

Teniendo en cuenta estos resultados, se prepara un tratamiento de hiposensibilización que consiste en inyectar soluciones de alergenos positivos en diluciones crecientes y espaciadas en el tiempo (tabla 2). El mecanismo básico consiste en que los alergenos al estar en baja concentración son bloqueados por inmunoglobulinas G (IgG). Este bloqueo impedirá la unión del alergeno a las IgE del mastocito, por lo que no se liberarán las sustancias vasoactivas, disminuirán paralelamente los niveles de IgE y todo ello mitigará las reacciones inflamatorias. Además, la terapia fomenta la aparición de células supresoras.
La mejoría suele aparecer a partir de los tres meses de tratamiento, según sea la respuesta del animal, y la mayoría de los autores consultados obtienen buenos resultados en el 70% de los animales tratados. Algunos animales no responden satisfactoriamente a este tratamiento, por lo que deberá realizarse un ajuste individual de las dosis y el tiempo de administración de los alergenos.
Hipersensibilidad alimentaria En el caso de la hipersensibilidad alimentaria el tratamiento consiste en eliminar el alimento pernicioso mediante una dieta de eliminación, o suministrar piensos hidrolizados. Estos piensos incluyen proteínas como péptidos de tamaños inferiores a los 10.000 daltons, por lo que su efecto alergénico es nulo. Es corriente incluir en algunas dietas alimentos que el animal no haya probado anteriormente, como piensos que contengan carnes de animales poco comunes.
En las hipersensibilidades alimentarias también están implicadas las IgE, aunque la participación de IgG es más relevante en estos procesos. Según la determinación de IgE frente a alimentos, se puede confeccionar una dieta libre de alimentos agresivos para el animal (ver cuadro) y facilitar una lista de piensos comerciales que el animal pueda tolerar.
Resumen Los procesos alérgicos o hipersensibilidades de tipo I están mediados por inmunoglobulinas E (IgE). La dermatitis atópica y la hipersensibilidad alimentaria son dos de las alteraciones alérgicas más frecuentes en animales. Ambas cursan con manifestaciones cutáneas (prurito, eritema, caída de pelo, etc.) y en las alergias a los alimentos suelen aparecer síntomas gastrointestinales. En ambos procesos el diagnóstico es exclusivamente clínico, las biopsias de piel suelen ser útiles y las dietas de eliminación son críticas a la hora de detectar el alimento agresivo para el animal.
El tratamiento con fármacos mitiga los síntomas, pero la eliminación de los alergenos responsables es la mejor terapia. Mientras que en la hipersensibilidad alimentaria el evitar la ingestión del alimento pernicioso soluciona el problema, en la dermatitis atópica la mejor opción es la hiposensibilización. El tratamiento se basa en la detección de los alergenos que causan alergia, determinando los niveles de IgE frente a los mismos, y consiste en inyectar soluciones diluidas de alergenos en concentraciones crecientes y espaciadas en el tiempo. Con esto se consigue bloquear a los alergenos y disminuir los niveles de IgE y de mediadores de la inflamación.
Bibliografía • Archer, S.J y Levin, M. Allergy Testing and Treatment. Vet Allergy, 2001.
• Beale, K.M. In-vitro allergy test in dogs: What is available?. Proceedings of the North American Conference, 1997. Orlando.
• Ettinger, S.J. y Feldman, E.C. Tratado de Medicina Interna Veterinaria. Elsevier, 2007 (1); 566 – 570.
• Guilford, W.G. What constitutes a hypoallergenic diet?. Proceedings of the North American Conference, 1999. Orlando.
• Power, H.T. The controversy continues: Skin testing vs. In-vitro testing. Proceedings of the North American Conference, vol. 14, 2000. Orlando
• Sagredo Rodríguez, P. Diagnóstico clínico de la dermatitis atópica canina. Argos, 2008 (97), 40 – 42.
• Sánchez Visconti, G. Alergia y pruebas serológicas (RAST). Pequeños Animales, nº 7. 1997; 31-34.
• Tizard, I.R. Introducción a la inmunología veterinaria. Elsevier, 2009; 329 – 346.
• Unzueta, A. Pérez, M. y Aceña, C. Reacciones adversas a los alimentos en los perros. Argos (40). 2002; 16 – 18.
• White, P.D. Food allergy dermatitis. Proceedings of the North American Conference, vol. 14, 2000. Orlando.
• White, S.D. Update on canine and feline atopy: Diagnosis and treatment. Proceedings of the North American Conference, vol. 14, 2000. Orlando.