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Por Joaquín Ventura García
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portalveterinariagrupoasiscom/17/17/27
Última actualización 03/04/2012@15:54:52 GMT+1
(Foto: Sxc.hu)

Los profesionales del sector del porcino de todo el mundo conocen de sobra los efectos de la enteropatía proliferativa en las granjas de cerdos. Pero la bacteria que la causa también puede afectar a los caballos, especie en la que se está convirtiendo en un problema a tener en cuenta.

La página web especializada en équidos TheHorse.com publica una noticia acerca de la creciente importancia de la enteropatía proliferativa en los caballos. La enfermedad, producida por la bacteria Lawsonia intracellularis, es una vieja conocida de los productores y veterinarios de porcino de todo el mundo, por su persistencia y las importantes pérdidas económicas que produce.

Pero según se reproduce en la noticia de TheHorse.com, el veterinario Nicola Pusterla (diplomado por el ACVIM y profesor asociado de la Universidad de California Davis), advierte de su importancia creciente en los équidos y la califica la enteropatía proliferativa equina como una “enfermedad emergente”. Recalca, además, que también en los caballos produce significativas pérdidas económicas.

Los caballos afectados pueden dar sintomatología o ser portadores subclínicos. La enfermedad no suele ser fatal, pero impide el correcto desarrollo de los potros afectados. Pusterla y su equipo han demostrado que al menos el 65% de los caballos aparentemente sanos en los que han buscado la bacteria han tenido contacto con la misma.

Los potros a los cuales se les ha cambiado el régimen alimenticio o los recién destetados, así como los que han sido transportados, son más susceptibles a sufrir enteropatía proliferativa si se ven expuestos a L. intracellularis. Los signos clínicos de los animales enfermos pueden incluir ralentización del desarrollo, pérdida de peso, fiebre, depresión, pérdida del apetito, edemas en las zonas ventral, del cuello o las extremidades y, ocasionalmente, diarrea y cólico.

El diagnóstico se debe realizar a través de la observación de los síntomas clínicos, detección de hipoproteinemia o detección del agente etiológico en heces mediante PCR o de los anticuerpos en suero. El tratamiento debe incluir terapia de mantenimiento y antibióticos adecuados, y suele conducir a la recuperación total del animal.

Pusterla explica que desde que se registró el primer caso en los años 80 la enfermedad se ha diseminado por todo el mundo y en los últimos años su frecuencia de aparición ha aumentado. Estados Unidos, Canadá, Europa, Suráfrica, Suramérica, Japón y Australia han reportado casos de enteropatía proliferativa equina, hasta el momento.

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