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PV ARGOS 21/2012    
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Última actualización 15/11/2011@12:55:51 GMT+1
Bajo una perspectiva global, las garrapatas son el grupo de artrópodos de mayor importancia de aquellos que afectan a la salud animal. Los efectos nocivos provienen de la ingestión de sangre así como de la transmisión de agentes patógenos que, en ocasiones, también tienen implicaciones en la salud pública.
Agustín Estrada Peña
Universidad de Zaragoza
Imágenes cedidas por el autor

Las garrapatas son parásitos obligados, es decir, deben encontrar un hospedador como sustento e ingerir su sangre (figura 1). Se conocen dos grandes agrupaciones taxonómicas, las llamadas “duras” (o ixódidos) y las conocidas como “blandas” (o argásidos) en razón de su armazón quitinoso o por su cutícula flexible, respectivamente, lo que permite una rápida identificación visual en ambos grupos.

Figura 1. Perro con garrapatas.

Anatomía

La estructura del cuerpo de las garrapatas es semejante a la de los arácnidos, con quienes comparten un indudable parentesco. Su cuerpo es redondeado y en él se encuentran todos los órganos. No existe un abdomen segmentado, como en el caso de los insectos. La porción anterior, visible casi siempre a simple vista y que suele confundirse con la cabeza es, en realidad, el aparato bucal compuesto por varias piezas destinadas a perforar la piel y formar la cavidad subcutánea a partir de la cual tomarán su alimento.

Las garrapatas duras (ixódidos) tienen una placa esclerotizada en la superficie dorsal de su cuerpo, el escudo. En los machos, este escudo ocupa toda la porción dorsal, mientras que en las hembras y en los estadios inmaduros, se aprecia solamente en la porción anterior. Ello es debido a las copiosas ingestas de sangre que verifican estos estadios; sin un cuerpo flexible –libre de la quitinización del escudo–, no podrían alcanzar la elasticidad y el grado de repleción necesarios para acometer las siguientes fases de muda o puesta de huevos. Los ixódidos permanecen varios días fijados a sus hospedadores; se trata pues de comedores lentos, que requieren varios días para completar su alimentación.

Las garrapatas tienen tres fases en el desarrollo de su ciclo vital, llamadas larva, ninfa y adulto. Estos últimos tienen diferenciación sexual. Como se ha mencionado, todas las fases necesitan la ingestión de sangre para poder verificar la metamorfosis hasta el siguiente estadio.

Condiciones ambientales

Las garrapatas se reproducen por huevos. Tras ingerir sangre, la hembra es fecundada y se desprende del hospedador. Después, busca un entorno adecuado y pone algunos miles de huevos. Gracias a la combinación de una temperatura media por encima de cierto umbral y de la alta humedad relativa, las larvas eclosionan de estos huevos. Este comportamiento se observa también tras la ingestión de sangre por parte de larvas y ninfas, fases que precisan mudar al siguiente estadio.

La supervivencia de estos parásitos es un hecho de particular interés. En las zonas de clima templado, el ciclo suele durar un año natural, aproximadamente. Esto significa que, desde que una hembra verifica la puesta de huevos hasta que su descendencia se encuentra en el mismo proceso, ha transcurrido un año natural, como sucede en nuestro país. Sin embargo, en áreas más septentrionales, el ciclo puede durar hasta tres años debido a las bajas temperaturas reinantes. Ello es debido a la termodependencia de todas las fases de muda o de puesta: cuanto mayor es la temperatura, hasta un cierto límite óptimo marcado por la fisiología de la garrapata, más rápidamente se desarrolla la fase en cuestión.

Buscando hospedador

Mientras no están sobre un hospedador, las garrapatas son altamente dependientes de las condiciones existentes en el ambiente: una baja humedad relativa y una temperatura alta, hacen que pierdan agua y la mortalidad sea alta. Por ello, las garrapatas también son más abundantes en diferentes entornos que aseguran que las condiciones climáticas en el suelo son las adecuadas para su supervivencia.
En cada una de las fases parasitarias, la garrapata percibe una combinación adecuada de factores, como la temperatura, la humedad y el fotoperiodo y se encarama a la porción más alta de la vegetación circundante en donde efectuaron la muda, permaneciendo en un estado de búsqueda activa de hospedador. El encuentro con el hospedador es un hecho meramente pasivo: las garrapatas no ”alcanzan” a su hospedador yendo a su encuentro, ni lo persiguen activamente por la vegetación, sino que se encaraman a él tras arrastrarlas desde su posición en la fronda.
En algunas especies, las larvas y las ninfas utilizan algunos hospedadores silvestres para su nutrición. En estas circunstancias, tales animales silvestres son reservorios de las garrapatas y de las infecciones que pueden transmitir. Normalmente, los roedores o las aves suelen ser los hospedadores silvestres escogidos para su parasitismo. Además, las aves migratorias introducen un nuevo componente pues son capaces de introducir los parásitos en zonas en las que normalmente no son habituales. Sin embargo, otras especies utilizan exclusivamente a los animales domésticos como hospedadores, sirviendo éstos como fuente de sangre para cada una de las fases del ciclo vital del artrópodo.


La garrapata común del perro

Rhipicephalus sanguineus, conocida comúnmente como la garrapata de las perreras o la garrapata común del perro (figura 2), es un ejemplo de la “globalización parasitaria”, debido a su ubicuidad, que se ha visto obviamente facilitada por la dispersión del perro, su hospedador principal. Su ciclo de vida, la ecología de sus estadios fuera del hospedador, su comportamiento alimentario y su adaptabilidad a las condiciones ambientales, junto con su capacidad para transmitir varios agentes patógenos, hacen que sea uno de los vectores más importantes de agentes con importancia médica y veterinaria.

Figura 2. Rhipicephalus.

R. sanguineus es una garrapata de tres hospedadores, es decir, cada uno de sus estadios (larva, ninfa y adulto) se alimenta sobre uno diferente. Aunque normalmente se asocia con los perros, puede parasitar eventualmente a otros hospedadores, incluyendo la especie humana. Esta garrapata se encuentra prácticamente en cualquier lugar del mundo donde existan perros, pero es más común y abundante en regiones con clima templado y húmedo, en las que puede completar hasta dos y tres ciclos en un solo año. R. sanguineus infesta a los perros tanto en zonas urbanas como rurales y está adaptada a vivir tanto en el interior de las construcciones humanas (endofilia) como en el ambiente. Es vector de un amplio abanico de agentes patógenos, entre los que se incluye: Babesia canis, B. gibsoni, Rickettsia conorii, R. rickettsii, Ehrlichia canis y Hepatozoon canis. La amplia distribución de la garrapata en zonas templadas, subtropicales y tropicales del mundo, junto con su posible riesgo de introducción en nuevas áreas, puede causar cambios en la distribución de los patógenos transmitidos por garrapatas, lo que puede favorecer la expansión de estas enfermedades en nuevos nichos ecológicos. Las garrapatas del género Rhipicephalus se asocian a lugares relativamente secos o, de forma más general, a formaciones de tipo estepario mediterráneo.

Endofilia
A pesar de que existe una gran confusión con respecto a la distinción morfológica de las diferentes poblaciones de esta especie, los efectivos comunes en la región mediterránea presentan una característica que les confiere una gran protección contra las condiciones adversas del medio: la endofilia. Esta garrapata coloniza fácilmente el interior de las construcciones humanas, siendo común en perreras, muros de jardines e incluso en el interior de las propias casas. La capacidad de colonización está limitada exclusivamente por la humedad relativa. Ello significa dos cosas: en primer lugar, una baja mortalidad gracias a las adecuadas condiciones climáticas; en segundo, la capacidad de parasitar al perro casi en cualquier momento del año, dependiendo de las condiciones climáticas imperantes. En otras palabras, se pierde así el componente estacional tan característico del parasitismo por garrapatas. R. sanguineus, sin embargo, sigue presentando un claro componente estacional cuando se consideran las poblaciones que viven fuera de este entorno antrópico. Sin embargo, es muy raro que la especie persista en el interior de pisos en los centros urbanos, ya que la humedad relativa de estas construcciones es baja, incluso en invierno.

La especie es común en parques y jardines públicos. Es normal que esta garrapata sea importada a otras zonas más septentrionales (Reino Unido, Alemania o incluso Dinamarca) por perros que viajan desde la zona mediterránea, normalmente tras un periodo vacacional. Tales garrapatas pueden colonizar las casas propias de esos países (con jardín, caseta del perro, etc.) y desarrollar poblaciones estables y permanentes ya que la humedad es más alta.

La mayoría de los ejemplares adultos de Rhipicephalus son activos durante la primavera, con un ligero descenso de actividad (y consecuentemente de la presión parasitaria) durante el verano, para volver a ascender en el otoño. Durante el invierno, estas garrapatas pueden permanecer inactivas como consecuencia de las bajas temperaturas. Sin embargo, debe resaltarse de nuevo el dato mencionado anteriormente: bajo condiciones de una temperatura y una humedad adecuadas esta garrapata puede permanecer activa durante todo el invierno.

Distribución
Existe una serie de factores esenciales que explican la amplia dispersión de esta garrapata y el aumento de la incidencia de las enfermedades que transmite. En primer lugar, deben tenerse en cuenta los cambios en el estilo de vida en España, que no se han producido en otros países europeos. Existe una tendencia general a mudarse desde las ciudades densamente pobladas hacia la periferia de las mismas, donde hay una menor densidad de construcción y donde son comunes los jardines. Como ya se ha mencionado, éstos son lugares importantes para el mantenimiento de grandes poblaciones de la garrapata, a menudo como parásitos de un único hospedador, el perro de la casa. Por otro lado, estamos asistiendo a un aumento del tamaño de las ciudades, que viene acompañado de un incremento en el número y tamaño de los basureros en las zonas periubanas. Estas zonas son un foco muy atractivo para la actividad de carroñeros oportunistas, como los zorros, que suelen estar parasitados por esta misma garrapata. Un tercer factor a considerar sería el incremento de las zonas de regadíos, así como el de las actividades fuera de la casa. El perro es un hospedador capital en todo el ciclo de R. sanguineus, de forma que el hábitat en el que se desarrolla normalmente (jardines públicos o privados, construcciones humanas, perreras) implica un estrecho contacto con el hombre (fundamentalmente con los propietarios del animal) y una alta probabilidad de transmisión de enfermedades de las que el perro actúa como amplificador. En ninguna otra garrapata adquieren tanta importancia para la salud pública los aspectos de su control y su erradicación.

Dermacentor reticulatus

Existen otras dos especies de garrapatas que, en líneas generales, pueden parasitar al perro en nuestras latitudes. Por un lado, Dermacentor reticulatus, propia de zonas frías y húmedas, que en España se restringe a la cornisa cantábrica y a algunas sierras del norte peninsular; no vive en zonas cálidas. Las preferencias climáticas de la especie hacen que su actividad se despliegue normalmente en los meses de otoño e invierno.

Figura 3. Dermacentor.

Además de estas necesidades ambientales, temperatura media baja y humedad relativa alta, prefiere áreas abiertas, sin abundante vegetación de porte arbóreo, del tipo “landas”. Suele ser común en las zonas de vegetación escasa (en algunos casos antiguas áreas agrícolas abandonadas) que rodean a los núcleos de población. También es abundante en las zonas de pequeños bosquecillos de vegetación de tipo caduco, en las que los carnívoros silvestres pueden ser una parte importante de la fauna local, junto con los roedores necesarios para el mantenimiento de las fases inmaduras.

D. reticulatus es el vector más importante de Babesia canis en Europa, una enfermedad grave con un periodo de incubación corto. Se trata de la única garrapata del perro que está ornamentada, es decir, que tiene un evidente patrón de manchas claras alternadas con zonas oscuras en el escudo dorsal de los estadios adultos (figura 3). En el macho el escudo cubre todo el cuerpo, mientras que en la hembra se restringe aproximadamente al tercio anterior, por lo que estas zonas coloreadas se pueden apreciar incluso a simple vista.

D. reticulatus es una garrapata con un gran interés local, pues no muestra una distribución particularmente amplia. En España, se circunscribe a las zonas más húmedas del país, como buena parte de Galicia y las zonas septentrionales (Asturias, Cantabria, País Vasco). La especie puede tener focos locales en algunas zonas, como lugares de Castilla-León donde aparecen las condiciones abióticas adecuadas para su supervivencia. Los estadios inmaduros de D. reticulatus parasitan exclusivamente a roedores e insectívoros. Ni las aves ni otros mamíferos de tamaño medio intervienen como hospedadores del parásito, aunque algunas veces pueden aparecer grandes concentraciones sobre carnívoros. Del mismo modo, los adultos son parásitos exclusivos de carnívoros, tanto domésticos como silvestres, aunque excepcionalmente pueden encontrarse en rumiantes.

Ixodes hexagonus

Otra garrapata relativamente común en España es Ixodes hexagonus. Es una especie común en zonas templadas, característica de los carnívoros silvestres, y que habita normalmente en las madrigueras de sus hospedadores. Los animales de compañía contraen este parásito cuando exploran las madrigueras de los hospedadores naturales, en sus actividades de caza, o simplemente cuando curiosean algún refugio abandonado.

Tanto D. reticulatus como I. hexagonus son garrapatas que no se asocian al entorno peridoméstico sino que tan solo pueden ser adquiridas por el perro en el curso de sus actividades fuera de ese ambiente. En cualquier caso, el control de estas garrapatas implica el conocimiento adecuado de sus momentos de actividad anual, así como de las zonas en las que suelen ser abundantes (figura 4).

Figura 4. Hábitat general típicamente húmedo y lleno de hospedadores silvestres donde las garrapatas son abundantes.
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