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PV ARGOS 21/2012    
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Última actualización 18/10/2011@11:10:26 GMT+1
El paciente de este caso clínico, un gato tratado de peritonitis, desarrolla una herida por quemadura durante su hospitalización. La lesión se origina debido a los exudados de la propia peritonitis y al aporte de calor con mantas térmicas.
Joaquín Sopena Juncosa
Director del Dpto. de Medicina y Cirugía Animal, Coordinador de Veterinaria
Servicio de Cirugía del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia)
Imágenes cedidas por el autor

Figura 1. Aspecto de la herida por quemadura durante el periodo de hospitalización por un proceso de peritonitis.
Figura 2. Desbridamiento quirúrgico de la herida.
Figura 3. Se opta por el tratamiento conservador ya que la lesión
es grave y el tejido disponible escaso.
Se presenta en consulta un gato macho, adulto sin especificar la edad, con un cuadro de insuficiencia respiratoria postraumática. El diagnóstico es hernia diafragmática, de la que es intervenido con éxito tras su estabilización inicial. En el posoperatorio inmediato se observan signos compatibles con peritonitis y se instaura un tratamiento en el que se incluyen drenajes y lavados peritoneales. Posteriormente, desarrolla un proceso catarral en vías respiratorias altas que complica el cuadro.

De nuevo responde adecuadamente al tratamiento.

En todo este proceso el animal ha estado hospitalizado y se ha mantenido la temperatura corporal con ayuda de atmósfera controlada, mantas térmicas y bolsas de calor. Como consecuencia de este periodo de hospitalización, en parte por los exudados de la peritonitis a través de la herida quirúrgica, en parte por el aporte local de calor, desarrolla una herida por quemadura.

Las quemaduras de este tipo son muy graves ya que suelen afectar a grandes superficies de piel y en profundidad. En la figura 1 vemos la extensión de la quemadura en todo el aspecto ventral del paciente que, además, sufría un proceso de peritonitis y estaba siendo sometido a un lavado peritoneal terapéutico, por lo que presenta varios drenajes Penrose subcutáneos.

Tratamiento inicial

Tras una estabilización inicial procedemos al desbridamiento quirúrgico de la herida. Eliminamos toda la piel quemada para permitir una cura y preparación adecuada de la herida. En este caso, puede observarse claramente la delimitación entre tejido necrótico y sano, por lo que el desbridamiento puede ser más agresivo (figura 2).

Tratamiento conservador

Una vez realizado el desbridamiento quirúrgico, planteamos un tratamiento conservador, ya que la herida no es adecuada para una cirugía reparadora en este momento (la lesión tisular es grave y el tejido disponible, escaso).

Nuestro primer objetivo será controlar la infección y los exudados presentes; para ello aplicamos un antibiótico local, neomicina (figura 3), en este caso asociada a antibioterapia general que ya recibía por el problema anterior.

A continuación aplicamos un apósito en placa de hidromel (figura 4), ya que la hidratación es fundamental en este tipo de lesiones. Posteriormente protegemos la cura con compresas y venda cohesiva.



Figura 4. La placa de hidrogel aporta hidratación a la herida. Figura 5. Aspecto de la herida tras 15 días de tratamiento.

Tras 15 días de tratamiento, la herida presenta un buen aspecto y abundante tejido de granulación (figura 5). Es necesaria una segunda intervención para completar el desbridamiento quirúrgico en la porción caudoventral de la herida, pero la respuesta es muy positiva. Se aprecia un puente cutáneo que está apunto de dividir la herida en una porción craneal más extensa y otra caudal menor pero que implica el pliegue cutáneo de la babilla, zona muy móvil.

Después de 45 días de tratamiento, toda la porción caudal ha cerrado y la craneal se ha reducido considerablemente (figura 6). El paciente se encuentra totalmente recuperado de las patologías anteriores y observamos la ausencia de evolución tras dos curas consecutivas (con 48 horas de separación) por lo que se decide planificar la cirugía plástica.


Figura 6. Evolución de la herida tras 45 días de tratamiento.

Conclusión

Lo interesante de este caso es el origen del problema cutáneo. Un manejo inadecuado puede acarrear complicaciones graves como ha ocurrido en esta ocasión.

La presencia de la quemadura puede ser explicada por la salida de exudado a través de la herida quirúrgica de la hernia diafragmática, pero sin duda puede haberse empeorado por la aplicación de fuentes de calor directas en periodos de inconsciencia o semiinconsciencia (posoperatorio inmediato, por ejemplo). Temperaturas de 45 °C pueden causar daños cutáneos graves con periodos de exposición muy breves (pocos minutos).

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