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PV ARGOS 21/2012    
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Última actualización 08/11/2011@12:37:58 GMT+1
Las garrapatas pueden transmitir diferentes agentes patógenos por lo que es necesario realizar una profilaxis adecuada para evitar su infestación. Los productos más eficaces son los orientados a la prevención de dichos parásitos.
Agustín Estrada Peña
Universidad de Zaragoza
Imágenes cedidas por el autor

Debe entenderse que el control de las garrapatas se basa en el conocimiento estricto de los procesos biológicos y epidemiológicos relativos a su ciclo y características vitales. Solamente con un conocimiento apropiado de estos detalles, el veterinario es capaz de aconsejar adecuadamente y para cada caso concreto, sobre las pautas de tratamiento, control o erradicación.

Actualmente, el veterinario dispone de un amplio arsenal en su trabajo de lucha contra las garrapatas. Muchas veces, la información que se asocia a un determinado grupo de compuestos es confusa, los resultados no están contrastados, o su aplicación resulta compleja debido a las peculiaridades del ciclo vital del parásito.

El tratamiento de las infestaciones por garrapatas debe seguir unas pautas estrictas y observables en todo momento para conseguir el éxito en el control. Además, la noción de profilaxis va íntimamente ligada al tratamiento mediante métodos químicos. La idea capital es que las garrapatas deben ser eliminadas lo antes posible, antes de que tengan oportunidad de transmitir cualquier agente patógeno al perro o de seguir causando importantes alteraciones mediante sus prolongadas ingestiones de sangre. La pérdida de sangre de la víctima es un punto a tener en consideración. Una hembra puede llegar a ingerir entre 6 y 8 centímetros cúbicos de sangre en tan solo 7-10 días. Algunas veces, los animales mueren exangües o se hacen más susceptibles a otras enfermedades por la marcada anemia. Por otro lado, matando a las garrapatas sobre el hospedador se consigue que las hembras no sobrevivan para perpetuar la población en el ambiente tras la puesta de huevos.

Cuando se aplica un tratamiento contra garrapatas debe tenerse en cuenta no sólo la capacidad ixodicida del compuesto (su habilidad para matarlas) sino también que tenga un cierto grado de repelencia de las mismas. Ello es debido a que la repulsión debe ser considerada como la primera barrera en el tratamiento contra las garrapatas. Si un compuesto es capaz de impedir que una garrapata encuentre un lugar adecuado para su alimentación sobre el animal, estamos cortando la primera fase de efectos nocivos (como la perforación de la piel o el primer periodo corto de toma de sangre). Aunque esa garrapata sea eliminada posteriormente por las propiedades ixodicidas del compuesto, nunca se hará con suficiente presteza como para impedir todos estos efectos, como si se hubiera repelido con efectividad.

Existen varios compuestos que son adecuados para el control de la garrapata y que se deben escoger en función de múltiples determinantes.

Organofosforados

Son efectivos contra las garrapatas y su mecanismo de acción es rápido. Sin embargo, no se suelen seleccionar como candidatos idóneos, debido a su relativamente alta toxicidad y a la posibilidad de aparición de resistencias, amén de su prácticamente nula capacidad de repulsión de nuevos ejemplares todavía no adheridos.


Los insecticidas organofosforados son derivados orgánicos del ácido fosfórico. Son compuestos bastante volátiles y en estado puro suelen ser líquidos o sólidos, nunca gases. Varios derivados fosfóricos tienen una buena capacidad de evaporación, lo que les permite crear una atmósfera letal cerca del punto de aplicación. Sin embargo, esta evaporación va en detrimento de su persistencia y de la duración de su capacidad de control de las garrapatas. Los organofosforados actúan inhibiendo la acetilcolinesterasa. Se debe tener un especial cuidado en la dosificación, pues las dosis altas pueden inhibir la enzima del hospedador. En el caso de los organofosforados, no solamente compiten por la enzima, sino que ésta se fosforila y queda por tanto inactiva.

Piretrinas

Son compuestos derivados de las plantas del género Chrysantemum. La utilización de estas plantas como agentes insecticidas es muy antigua. En 1924 fueron aislados en el laboratorio dos compuestos: piretrina I y piretrina II. Más tarde se aislaron otros productos, la cinerina I y la cinerina II. Actualmente, se usan los piretroides, como la permetrina o la deltametrina, que son derivados de síntesis de estos compuestos fundamentales.

El valor de las piretrinas radica en el llamado “efecto derribo” (knock-down en inglés) frente a artrópodos y su baja toxicidad para los mamíferos. El mecanismo de actuación es por interacción con los canales de iones en la membrana nerviosa, donde producen hiperexcitación y muerte. La complejidad química de estos compuestos es tal que la mayoría de ellos son susceptibles de ataque metabólico en varios lugares de la molécula. Además, se biodegradan muy rápidamente, proceso del cual resultan metabolitos de escasas consecuencias tóxicas para el artrópodo y que se excretan con rapidez. De igual modo, los piretroides tienen una buena actividad repelente, pero presentan una acción ixodicida comparativamente lenta en relación con las necesidades de actuación requeridas en una actividad de este tipo. En algunas poblaciones están apareciendo resistencias frente a estos compuestos, igual que para los organofosforados.

Formamidinas

Son un grupo de compuestos, entre los que se encuentra el amitraz, que se caracterizan por tener un amplio abanico de acciones: inducen cambios de conducta, que resultan en la inhibición de la alimentación, provocan parálisis alternando con hiperactividad y tienen acción letal sobre huevos y larvas.

Gran parte del trabajo realizado con estos compuestos señala que su mecanismo de acción se basa en la inhibición de las enzimas del grupo MAO, enzima encargada de metabolizar aminas neurotransmisoras del sistema nervioso y que además se encuentra en gran cantidad en las garrapatas. Esta acción hace que, en aquellas garrapatas que no han sido eliminadas por su actividad ixodicida, la cantidad de sangre ingerida sea menor y, en consecuencia, la cantidad de huevos puestos también se reduzca. El amitraz no es repelente, sino excitante; su acción hace que la garrapata no encuentre un entorno favorable sobre el perro y, en consecuencia, no comience a ingurgitar sangre.

Fipronil

Es uno de los últimos compuestos que han sido evaluados por su potencial en la lucha contra las garrapatas. Los estudios demuestran que tiene un mecanismo de acción similar al de los piretroides. El fipronil no es una sustancia repelente y además tiene una actividad ixodicida relativamente lenta que se manifiesta hacia las 48 horas después de su aplicación. Actúa exclusivamente sobre los parásitos adultos.

Su mecanismo de acción se basa en el bloqueo de los iones de cloro a través de los canales regulados por el GABA (ácido gamma-amino butírico).

Piriproxifeno (PPF)

No es un ixodicida en el sentido estricto de la palabra, ni tan siquiera es un repelente. Sin embargo, tiene una extraordinaria actividad sobre las fases de muda y oviposición de las garrapatas. Diferentes experimentos han demostrado que es capaz de inhibir totalmente la muda o la puesta de huevos de las garrapatas en cantidades mínimas. Este hecho hace que este compuesto sea ideal en el tratamiento de las infestaciones por Rhipicephalus sanguineus en combinación con otro compuesto ixodicida.La acción combinada de ambos impide el parasitismo sobre el perro y, en los casos en los que la hembra sobreviva, se inhibe la habilidad de colonizar el ambiente o la construcción en la que viva el perro.

La picadura de Rhipicephalus sanguineus

Rhipicephalus sanguineus es una garrapata relativamente grande. Su color pardo y la ausencia total de manchas dorsales, junto con unas piezas bucales cortas, hacen que la identificación del género sea relativamente sencilla. Cuando se alimentan, pueden permanecer restringidas sobre ciertas partes del cuerpo del perro (comúnmente las orejas, axilas y plantillas interpodales) o, en casos de infestaciones masivas, extenderse por todo el cuerpo del animal.

Los perros desarrollan unas reacciones cutáneas a las picaduras de esta garrapata, que suelen estar caracterizadas por unas zonas de eritema (2-3 mm de diámetro), con un nódulo claramente abultado y de bordes bien definidos, separado de la piel circundante. Después de 96 horas, el eritema puede tener hasta 6 mm de diámetro y el nódulo puede alcanzar hasta los 4 mm. Ambos resuelven espontáneamente después de 4 o 5 días tras el desprendimiento de la garrapata. Puede aparecer una reacción de hipersensibilidad en perros previamente expuestos a grandes poblaciones del parásito, cuyos signos incluyen eritema, alopecia, descamado y costras. El excesivo daño que se provocan los perros por el intenso prurito puede conducir a la contaminación bacteriana.

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  • Introducción a las garrapatas (y II): profilaxis

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2316 | fernando Garcia Oviedo - 26/10/2011 @ 19:29:18 (GMT+1)
    Saludos Dr Agustin muy importante su información. me podría usted orientar mas en sentido si el efecto de derribo de los piretroides es igual al de las formamidinas? Yo creía que solo estas ultimas tenia un efecto de derribe.
    agradezco su atención , gusto en saludarlo
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