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PV ARGOS 43/2014    

Solo ante el peligro

Solo ante el peligro

En la vida se presentan situaciones difíciles frente a las que cuesta tomar una decisión. Sin embargo, si se siguen ciertas recomendaciones, es posible hacerlo con éxito.

¿Se ha parado a pensar en la inmensa cantidad de decisiones que tomamos cada día? Como tantos de nosotros que vivimos un ritmo frenético de actividad probablemente no lo haya hecho.

Muchas de estas decisiones nos pasan desapercibidas porque las tomamos de modo automático:

• Suena el despertador: ¿me levanto o me quedo cinco minutitos más?

• ¿Me afeito/maquillo o no lo hago?

• ¿Desayuno fruta o bollería?

Otras decisiones ya precisan un poco más de atención:

• ¿Llamo a ese cliente que ayer me dio la sensación de que se fue insatisfecho?

• ¿Debo hacer una laparatomía exploratoria o esperar la evolución del paciente que no ha mejorado con el tratamiento médico?

• ¿Merece la pena ir a ese curso de ecografía o tal vez sería mejor que fuese a uno de gestión del tiempo?

Estas preguntas nos sitúan en encrucijadas en las que la necesidad de tomar la decisión de seguir un camino u otro ejerce una presión que nos crea estrés.

Por último, están aquellas decisiones que nos cuesta mucho tomar:

• ¿Quiero realmente asociarme con tal persona?, ¿debo aceptar la petición de este trabajador de hacerse socio?

• ¿Quiero seguir asociado a tal persona?

• ¿Quiero seguir dando urgencias en la clínica? ¿Puedo dejar de hacerlo?

• ¿Tengo que seguir soportando que tal trabajador se siga comportando así?

• ¿Merece la pena seguir trabajando aquí a pesar de sentirme tan poco valorado por mis jefes?

• ¿Monto mi propia clínica?

Este tipo de preguntas no se responden de forma automática. Más bien al contrario. Suele ocurrir que se quedan en nuestras cabezas, dando vueltas constantemente y creando un diálogo interior interminable. Mientras no les demos respuesta, esas preguntas actuarán como un parásito que se alimentará de nuestra energía, ocupará cada vez más tiempo en nuestra mente y producirá gran insatisfacción. Es un ciclo que los coach observamos muy frecuentemente en nuestro ejercicio profesional: una persona se muestra preocupada e insatisfecha porque es incapaz de tomar una decisión, tiene miedo a equivocarse. El hecho de no decidirse le ocasiona frustración, y esto le genera insatisfacción. Y así se cierra el ciclo: insatisfacción-miedo-frustración-insatisfacción.

El problema de Javier

Javier es un veterinario con diez años de experiencia. Es extrovertido, entusiasta, muestra gran curiosidad por aprender y le encanta ir a cursos y poner en práctica técnicas nuevas. Se aburre fácilmente y tiende a dejar de lado aquello que no le reta.

En la misma clínica trabaja Ángel, un veterinario con nueve años de experiencia. Es metódico, introvertido, le gusta la rutina y le incomodan los cambios bruscos y que se dejen de hacer las tareas que se han empezado.

Ambos son socios y llevan ya demasiadas peleas y discusiones por la forma en la que ambos ven las cosas. Entre ellos hace más de un año que parece haberse levantado un muro invisible. Javier sufre con esta situación, le está costando el sueño y hace tiempo que va a trabajar desanimado. Sabe que tiene que hacer algo, pero no sabe qué.

“Mi comité de expertos”

¿Qué hacer cuando uno se siente solo ante el peligro, cuando quiere tomar una decisión y no sabe cuál? Cree su “comité de expertos”.

Ante encrucijadas así, para romper el ciclo es beneficioso pedir ayuda o consejo, aunque por alguna razón eso es algo que a muchas personas les cuesta hacer. Vencer esa falsa creencia de vulnerabilidad puede resultar un reto. Al que lo logra se le abren dos opciones: buscar soluciones fuera de sí mismo (extrínsecas) o en su interior (intrínsecas). Las primeras las encontrará en familiares, amigos, compañeros, consultores, coach, libros, etc. Las segundas hay que buscarlas dentro de uno mismo. Son como unas vocecitas que le dicen a uno qué hacer pero a las que no suele prestar atención: se llaman intuición y valores. No obstante, si se les escucha pueden indicar claramente qué camino se debe seguir. El motivo de estas líneas es proporcionar al lector una herramienta de coaching a la que podríamos llamar “mi comité de expertos”. Vamos a describir los pasos para formar dicho comité:

1. Piense en un equipo imaginario de personas a las que, por una u otra razón, admira. Puede tratarse de personajes reales (padre, madre, hermano, abuelo...), ficticios (Superman, Don Quijote...), históricos (Gandhi, Churchill, Napoleón...) o tal vez diferentes profesionales (bombero, policía, juez...).

2. Piense por qué admira a esas personas, bajo qué circunstancias expresaron eso que usted tanto admira. A veces será por su determinación, tal vez por su paciencia y, en ocasiones, será por su amor incondicional. Cuando lo haga se dará cuenta de que aquello que le impresiona es porque representa un valor muy fuerte para usted. Contactar con ello es poner la base más sólida posible para tomar una decisión: asegurarse de que está alineada con sus valores. Para entrar a formar parte de su comité tienen que ser personas importantes para usted, el tipo de gente a la que pediría consejo por su sensatez, prudencia o sabiduría.

3. Una vez seleccionados los protagonistas del comité y los motivos por los que forman parte de él, piense en un lugar imaginario donde reunirse con ellos. Tal vez sea un círculo, sentados alrededor de una pequeña fogata. O una sala de reuniones con una gran ventana y una mesa circular. ¡Sólo su fantasía pone los límites!

4. Sea como sea lo que imagine, trate de experimentar las sensaciones de estar allí con sus expertos: sienta la luz de ese espacio, el sonido de las palabras, disfrute de los silencios, la paz y la seguridad de estar al lado de gente que tanto admira.

5. Grabe en su mente ese escenario imaginario (personas, lugar, sensaciones, emociones) de forma que pueda convocarlo a voluntad cada vez que lo necesite.

6. Y ahora relájese, baje la guardia y comparta su preocupación con ellos. ¿Qué le dicen?

7. ¡Actúe!

El comité de expertos de Javier

Javier ha decidido seguir los pasos anteriormente citados para formar su comité de expertos. Lo hace con la esperanza de encontrar una forma de superar su conflicto con su socio Ángel. Vamos paso a paso:

• Javier piensa en las siguientes personas:

  • Su madre: hace varios años que murió pero cuando le preguntan si se acuerda mucho de ella, le gusta responder “sí, varias veces al día”.
  • Gandhi.
  • Nelson Mandela.

• ¿Por qué en este momento le han venido a la mente esas personas y no otras tantas a las que también admira?

  • Su madre: recuerda su inmenso amor y las innumerables veces que le dijo a lo largo de su vida que él había nacido para ser feliz. Que hiciese lo que hiciese en la vida nunca se olvidase de disfrutarla en compañía de gente a la que querer y por la que sentirse querido.
  • Gandhi: Javier no recuerda haber leído nada concreto sobre este sabio hombre. Sin embargo, su imagen ha venido a su mente. Le puede ver defendiendo con firmeza sus ideas pero sin violencia.
  • Mandela: hace un tiempo vio una película sobre él. Y recuerda la impresión que le causó el valor y la determinación de este hombre para tratar de comprender a sus adversarios antes de pedir ser comprendido.

• Hay que buscar un ambiente relajado.

  • A Javier le gusta charlar mientras da un paseo. Así que en vez de imaginarse en una sala se ve caminando por su camino favorito, un agradable sendero en un bosque cercano a su casa por el que ha transitado desde que era muy pequeño. A ratos le acompaña su madre, a ratos es Mandela o Gandhi quien está a su lado.
  • Le encanta sentir el olor a pino, oír el viento entre los árboles y el sonido de los pájaros. Le reconforta el tacto de la mano de su madre en su cabellera. Y le llena de paz la mirada tranquila de Mandela mientras hablan. Aclarar sus ideas con Gandhi le aporta una increíble seguridad en sí mismo.
  • Ese trozo de su camino favorito lo graba en su mente. Tan nítidamente que parece una escena de película que puede repetir a voluntad.

• ¿Qué mensaje tiene el comité de expertos para Javier?

  • “Javier te mereces ser feliz y esta situación está evitando que lo seas. Tal vez haya algo que esté preocupando igualmente a Ángel. Sólo si le preguntas y escuchas con el corazón podrás saberlo. Tal vez no te guste lo que oirás. Sea como sea, asegúrate de mostrar interés y respeto. Y después de haberlo hecho pide a tu socio que haga lo mismo contigo. Y si sois capaces de encontrar una solución que os permita ganar a ambos, perfecto. Pero si ocurre que uno de los dos debe renunciar a sus valores para evitar el conflicto, entonces mejor no seguir juntos. Javier: actúa, sólo así comprenderás la lección que la vida tiene para ti”.

Al día siguiente Javier le dice a Ángel que quiere hablar sin prisas, fuera de la clínica. Le explica los motivos que le mueven a pedir esa conversación. Y se citan dos días después. No sabe qué saldrá de allí, pero sí lo que quiere. Le viene a la mente la cita “como en los caminos del mar ocurre en nuestras vidas, son la disposición del aparejo y nuestro espíritu los que nos dictan el camino a seguir y no la calma o la tempestad”.

Conclusión

Aclarar qué cosas son importantes para uno puede marcar la diferencia entre atreverse a dar el paso y tomar una decisión o no hacerlo. Tomar decisiones basadas en valores supone liberarse de las cadenas del miedo a equivocarse, de la frustración de la incapacidad de salir de un círculo vicioso que nos roba la energía. Pedir ayuda o consejo a personas de confianza es recomendable, ya que pueden ofrecer una visión desde una perspectiva diferente.

A veces preferiremos mirar hacia dentro, buscar respuestas en nuestro interior como si estuviésemos encerrados en la soledad y oscuridad de un capullo. Y eso puede hacernos sentir “solos ante el peligro”.

Contar con un “comité de expertos particular” puede ayudar a encontrar respuestas que nos den la fuerza necesaria para romper el capullo y emerger a una nueva vida.

Como decía la cita que daba entrada al artículo, que te pongas en marcha sólo depende ti. ¡Actúa y comprenderás!

Artículo original publicado en Argos nº 137, abril de 2012. pp 22-23.

“Como en los caminos del mar ocurre en nuestras vidas, son la disposición del aparejo y nuestro espíritu los que nos dictan el camino a seguir y no la calma o la tempestad”.
“Como en los caminos del mar ocurre en nuestras vidas, son la disposición del aparejo y nuestro espíritu los que nos dictan el camino a seguir y no la calma o la tempestad”.
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