cabecera
PV ARGOS 43/2014    

La vida de los perros de caza

La vida de los perros de caza

En este artículo se hace una revisión de las características de los perros de caza así como de su alimentación y del manejo que sería más adecuado para mantenerlos en buenas condiciones

Cristina Fernández Pérez y Zuriñe López Ibarra
Estudiantes de 2º ciclo de la Facultad de Veterinaria de Lugo, Universidad de Santiago de Compostela
Este trabajo ha sido realizado bajo la supervisión de la doctora Cristina Castillo, profesora de la Facultad de Veterinaria de Lugo y miembro de la Academia de Ciencias Veterinarias de Galicia.

Hace 30 millones de años, en el Oligoceno, apareció la primera criatura con apariencia de perro, el Cynodictis, un animal parecido a la mangosta y con largo hocico (figura 1). Los fósiles más primitivos se han encontrado en Norteamérica y son de este periodo.

El perro se fue acercando al hombre para obtener comida y protección; los primitivos perros eran de naturaleza salvaje y probablemente competirían con el hombre por las presas de caza; es también muy probable que el humano en la mayoría de las ocasiones saliera victorioso pero también que dejara tras de sí restos de alimento que aquél aprovecharía. Esto favoreció el acercamiento entre ambos creándose una simbiosis en la que se ofrecerían protección mutua.

Desde entonces, el hombre se alió con el perro y le ayudó a evolucionar trabajando sobre los ejemplares más valiosos. Así llegamos a nuestros días en los que disfrutamos de ellos no solo como animales de compañía, sino que también obtenemos importantes beneficios como ayuda en diferentes ámbitos y entre ellos en el mundo de la caza, del cual trataremos en este artículo.

Cynodictis.

Los perros de caza

Los egipcios y los habitantes del Asia Occidental fueron los primeros en criar perros, principalmente mastines y galgos. En la época de la Romaimperial ya existían algunas de las razas que se conocen actualmente, teniendo una preferencia especial por los galgos, los cuales se usaban como perros de cacería. A lo largo de la historia, el hombre ha desarrollado diferentes modalidades de caza, y los criadores diferentes tipos de perros de caza, algunos más generalistas y otros especializados en determinadas tareas. De acuerdo con los criterios de la Federación Cinológica Internacional (FCI), los perros de caza se clasifican en ocho grupos diferentes, tal y como se muestra en el cuadro 1.

Para elegir el perro que mejor se adapta a los requerimientos de cada cazador, y lo que es más importante a su carácter, estilo de vida y preferencias como cazador, se debe tener en cuenta el estándar racial, características psicológicas, instinto, disposición para la caza y el cobro, motivación, voluntad de complacer, capacidad de aprendizaje y adaptabilidad.

También es importante tener en cuenta la documentación que han de poseer. En primer lugar los datos de filiación del animal, que deben constar en el registro oficial, la acreditación de propiedad y la cartilla sanitaria. El registro oficial se denomina LOFEC (Libro de Orígenes dela Federación Españolade Caza) y es obligatorio inscribir aquí todos los perros que participan de la actividad cinegética. Consta de varios apartados según las características del perro que se ha de inscribir. Para acceder a este libro hay que recurrir al departamento de afiliaciones dela Real FederaciónEspañola de Caza, a través de cualquier Federación.

A continuación pasaremos a exponer cómo es la secuencia vital de un perro destinado a la caza; cuales son los puntos débiles en todo este proceso y cómo se pueden evitar o, al menos, minimizar.

Los perros en la antigua Roma

Fases de la vida de un perro de caza

1ª fase. La cría

Hay muchas y muy diferentes formas de tratar y criar a un perro de caza: desde el ambiente mejor acondicionado y favorable para ellos, hasta horribles criaderos donde las condiciones no son adecuadas.

Lo ideal sería que los cachorros permanecieran con la madre los 45 primeros días de vida, bajo la atenta vigilancia de un cuidador. Una vez separado, el animal debería ser introducido en la civilización: ruidos, gente, casa, acostumbrándolo poco a poco al ruido de disparos, ladridos de otros perros y sonidos del campo. Este cambio ha de realizarse muy paulatinamente, ya que de lo contrario todos estos factores podrían ser causa de estrés y quedar grabados negativamente en su memoria. Desafortunadamente, esta situación ideal se suele encontrar sólo en un 40% de los casos.

Lo más frecuente es que a los pocos días de nacer el cachorro sea separado de la madre. Existen criaderos ilegales, en los que éstos están en condiciones deplorables y que se nutren de mafias procedentes de países del Este de Europa. El trasladado de los cachorros se realiza en espacios muy reducidos, sin higiene alguna y sin vacunar. Una vez llegados a España, se venden boicoteando los precios de mercado: cachorros de razas que suelen costar unos 1.000 €, en estos centros se pueden adquirir por unos 550 €.

2ª fase. La venta

Una vez llegado el momento de la venta, y sin entrar en los establecimientos ilegales antes señalados, lo más notable es la permanencia de “leyendas” en torno a las capacidades de los perros y que determinan su elección y que sin embargo carecen de base científica: caracteres como el color de la capa o el número de pelos en el mentón, tienen mucha importancia para algunos dueños.

3ª fase. La relación dueño-perro

Como en el caso de los criadores podemos encontrar dueños de todo tipo: aquellos que ven a su perro de caza como un ser vivo o aquellos que lo ven como un simple instrumento.

Los casos de dueños que tratan con respeto a sus perros son los más habituales. Es gratificante ver como muchos cazadores se desviven por sus animales. No solo les dan las atenciones mínimas para que lleven una vida digna, sino que les hacen sus compañeros de actividad y no sus instrumentos.

Durante el trabajo de campo necesario para la elaboración de este artículo pudimos escuchar en boca de los propios cazadores numerosas historias y anécdotas que nos revelaban el respeto de los dueños por los animales, por su estado de ánimo, no forzándolos a salir a cazar e incluso cómo cuando ya se hacían mayores, se convertían en perros de compañía… Desgraciadamente, no ocurre siempre así.

La cara opuesta es el maltrato animal: los animales son explotados en las monterías y al final del día se les encierra en jaulas con escasa comida; si no han hecho bien su trabajo ese día son golpeados y castigados. Y eso sin contar el dramático final de algunos de estos animales cuando dejan de ser útiles. Cada año en los medios de comunicación podemos asistir a tristes noticias relativas a perros que aparecen muertos por estrangulamiento o disparos, o bien abandonados en el monte

Necesidades de los perros de caza

La alimentación

Actualmente se puede adquirir alimentos de alta gama, diseñados para satisfacer todas las necesidades, de acuerdo a la raza, la actividad que va a desarrollar y la edad. Sea cual sea el tipo de dieta, todas tienen una característica común: ha de ser rica en grasas.

La grasa es la mejor fuente de energía para el metabolismo de los perros, ya que la capacidad de utilización de los ácidos grasos en las vías metabólicas aeróbicas es más importante que el metabolismo anaeróbico del glucógeno (Case et al., 2001).

Por tanto, un aporte alto de grasa va a permitir una resistencia al ejercicio más prolongada del perro que si el aporte energético alimenticio se basara en una dieta rica en carbohidratos.

¿Y cuál sería el mejor momento, antes de la cacería o después? La mayoría de los cazadores consideran que se debe alimentar al perro de caza en la mañana antes de salir a cazar.

¿Cuándo hay que alimentar?
Esto parece sin embargo un gran error sobre todo si nos basamos en el conocimiento actual que se tiene sobre los perros de trineo: cuando son alimentados 24 horas antes de la carrera logran mayor resistencia que aquellos alimentados dos o tres horas antes. Esto se explica porque un perro con un colon vacío está mejor preparado para la carrera. El colon tiene menos probabilidades de irritarse por el ejercicio realizado entre otros motivos por la alta actividad inflamatoria que ocurre asociada al mismo.

Nuestra recomendación es pues no alimentar al perro en la mañana antes de la cacería, sino la tarde o noche anterior. Si durante la cacería el perro requiere alimento, es recomendable darle algo alto en grasas y no más de quince minutos antes de comenzar la cacería. Evitar los dulces y sobre todo chocolate que para él es tóxico.

En el caso de que estemos cazando durante varios días seguidos, habrá que alimentar al animal una hora después de haber terminado la cacería o al menos una vez que éste se haya recuperado completamente del ejercicio físico, ya que de lo contrario le podemos provocar vómitos o diarreas que mermarán su rendimiento al día siguiente.

El glucógeno
Además, hay que tener en cuenta que cada día que pase el animal irá agotando las reservas de glucógeno, y por tanto sus reservas energéticas. Por ello, además de regular su actividad, es interesante complementar la dieta grasa con un suplemento de carbohidratos, como puede ser el pan, en cantidades no excesivas, ya que pueden evitar el rápido vaciamiento del estómago.

Otra cuestión importante es la hidratación. Un perro de caza sediento, acalorado y cansado simplemente no encontrará ninguna presa, porque pierde el olfato, además de perder el interés en la búsqueda. El perro debe tener agua fresca a intervalos frecuentes, por lo que el cazador o cuidador se la deberá suministrar de forma regular. Ha de tener la precaución de evitar que el animal se empache antes de la cacería y sobre todo, después de la misma.

Si el animal está correctamente alimentado con el pienso apropiado, y se tienen en cuenta las demandas de su organismo, no será necesaria la complementación vitamínico-mineral; es más, su uso inapropiado puede desequilibrar la dieta. La leche es un alimento, que no reemplaza al agua, incluso en algunos perros causa diarreas, por lo que hay que eliminarla de la dieta. Los restos de comida tampoco proporcionan una dieta equilibrada.

El ejercicio

La caza entraña una actividad física intensa y a veces podemos pensar que esta actividad la realizan con facilidad y sin verdadero esfuerzo, como si el perro tuviera habitualmente que estar en gran forma física. Y no es así.

Mantener una actividad física regular durante los periodos en los que no hay caza ayudará a desarrollar el sistema músculo-esquelético del animal adaptándolo al esfuerzo y evitando la aparición de traumatismos asociados a un ejercicio intenso (fracturas, roturas ligamentosas y/o musculares o artritis); además ayudaremos al desarrollo de su sistema cardiovascular y del sistema respiratorio.

La actividad
El sedentarismo al que se ven sometidos muchos perros cuando acaba la temporada es pues un gran enemigo. Mantenerlo activo mediante paseos o carreras cortas ayudará al mantenimiento de su estado de salud.

Otra de las razones para preocuparse por la condición física es que, a la larga, ésta influye en el estado de ánimo del perro y puede ella sola, transformar el entrenamiento en un placer o en un triste trabajo rutinario.

¿Cómo saber que un perro de caza tiene problemas?

La predisposición del perro no solo depende de la raza sino que también y en gran medida corresponde al propio perro y a su actitud.

El pasado del perro
El pasado del perro tiene peso en su comportamiento cazador; de manera que traumas causados durante su etapa de cría y enseñanza pueden manifestarse con problemas para la caza.

Si ha habido una buena relación perro-cazador, en el momento de salir a cazar se mostrará excitado y contento; ese grado de excitación será positivo si el cazador sabe controlarlo. Por el contrario, si el perro ha sido maltratado o castigado, saldrá con desgana.

Durante la caza el perro ha de ser capaz de seguir el patrón establecido, en función al grupo al que pertenezca (cuadro I), pero no siempre ocurre así; en ocasiones son incapaces de permanecer quietos; no recogen la presa y si lo hacen es para enterrarla o jugar con ella; no se limitan a matar a la presa, sino que la mordisquean o se la comen… Estos problemas, no son culpa exclusiva del animal, sino de una mala educación por parte del hombre.

Presentamos a continuación algunos síntomas que puede presentar un perro de caza y que indicarían que se halla bajo tensión o estrés:

1. Comportamiento inusual. Éste es uno de los primeros síntomas de estrés canino, señal de que algo anda mal. Se manifiesta con la incapacidad para seguir instrucciones y concentrarse en la formación, ausencia de respuesta a mimos, etc.

2. Ladridos o vocalización excesiva sin ninguna razón en particular.

3. Polifagia-polidipsia, incluso después de haber recibido su ración de alimento.

4 Jadeos excesivos, y que no van asociados al ejercicio intenso o la sed.

5. Temblores, por miedo o por sentirse amenazado.

6. Inquietud, si no está producida por calor, es una señal de preocupación.

7. Conducta destructiva, mordiendo y destrozando objetos como muestra de su descontento respecto a ciertas situaciones (persona u animal).

8. Apatía y pereza, que se manifiesta con la reticencia del animal para realizar cualquier actividad física. Se queda aislado y quieto en un rincón de la jaula o la casa; en casos extremos también puede negarse a comer o beber.

Otros síntomas se refieren a la presencia de una expresión facial triste (ojos vidriosos y ceño fruncido), postura abatida, dermatopatías, diarreas y pérdida de peso.

Conclusión

La elección de la raza de perro de caza debe ser cuidadosa, y el aficionado debe sopesar las necesidades, la actividad y las posibilidades de modo de vida del perro. Para el perro de caza tanto o más importante que su educación es también su alimentación, que es peculiar y que ha de estar ajustada a sus necesidades, especialmente en la época de caza. Y ello sin olvidarnos de la actividad física, a la que el perro deberá de irse adaptando en las épocas de pre-caza para obtener el máximo rendimiento en la época de caza, evitando así traumatismos en el aparato locomotor.

Creemos que el control acerca de las condiciones de vida en las que son mantenidos muchos perros de caza y la información acerca de sus necesidades, como las aportadas en este artículo, son las vías más adecuadas para evitar escenas de abandono o sacrificio cruento al final de la temporada, así como para mejorar las condiciones de vida de nuestros amigos.

El perro de caza, como el resto de canes, es un amigo fiel que requiere cuidados y cariño que sin duda devolverá a sus dueños de forma asombrosa.

Para saber más

Case L.P., Carey, D.P., Hirakawa D.A., Daristotle L. (2001). Canine and Feline nutrition, 2nd ed. Harcourt, Orlando (USA).
Giuliani, C. (2004). El adiestramiento de los perros de caza, 1ª ed Ed. de Vecchi, Barcelona (España).
http://www.federaciongalegadecaza.com. Página web que agrupa a cazadores y sociedades de caza gallegos.
Sánchez Gascón A. (2010). Caza y veneno, 1ª ed. Manuales Prácticas de Caza, Exlibris Ediciones SL, Madrid (España).

¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (29)   No(6)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

Comenta esta noticia (Login)
Normas de uso
  • Argos Portal Veterinaria es una web técnica para intercambio de información entre veterinarios de animales de compañía y profesionales afines; por este motivo no se publicarán comentarios de propietarios de mascotas.
  • Las opiniones vertidas en los foros de discusión son las de los internautas, en ningún caso de Argos Portal Veterinaria. No están permitidos los comentarios injuriantes o contrarios a la ley, que serán rechazados; también nos reservamos el derecho a eliminar comentarios fuera de tema.
  • La dirección de email solicitada no será publicada y en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Portada | Hemeroteca | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de privacidad y cookies | Aviso Legal
Edita: Grupo Asís Biomedia, S.L. Centro Empresarial El Trovador, planta 8, oficina I, Plaza Antonio Beltrán Martínez, 1, 50002 Zaragoza (España) Contacto