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Palancas

Problemas de aplomos en el caballo (II)

jueves 02 de octubre de 2014, 09:23h
(Foto: Juan Mompean)
(Foto: Juan Mompean)

Un caballo, desde el punto de vista físico, es un conjunto de palancas y poleas conectadas entre sí. Un buen herraje debe valorar el estado de ese conjunto, en su totalidad, y colabora en que su equilibrio sea el adecuado.

Juan Mompean
Herrador
jm.podologiaequina@hotmail.com

Dice el dicho, valga la redundancia: “dadme una palanca y moveré el mundo”. Bien, esa palanca es el caballo y durante siglos nos ha movido por el mundo. Ciñéndonos a la morfología del mismo podremos darnos cuenta de que es en sí mismo, en todo su conjunto, una agrupación de palancas y poleas conectadas entre sí gracias a tendones, músculos y ligamentos.

Dicho esto, ¿cómo interfiere el herraje en todo ese conjunto? Como puede resultar obvio, de tres formas: buena, mala y neutra.

En muchos casos no se atiende al conjunto y es en él donde residen todas las respuestas: por sí sólo habla de sus necesidades, carencias y virtudes. El herraje ayudará cuando sea el apropiado a que el conjunto se desenvuelva con eficacia y comodidad. De forma contraria actuará entorpeciendo los movimientos del caballo y acentuando sus defectos.

Esqueleto del caballo. (Foto: Horseanatomy-es - CC BY-SA 3.0)

¿Podemos mejorar la funcionalidad a través del herraje?

Sí, en ocasiones podremos mejorar la funcionalidad del mismo, pero hay que tener presentes las limitaciones del conjunto y las del propio herraje. Un ejemplo: caballos topinos, manos asimétricas “pie de prado”, caderas asimétricas, etc. En todos estos tipos de morfologías distintas habría que evaluar lo primero: el grado, edad y disciplina y persona que lo dirige (cochero o jinete). Todos pasamos a formar parte de un conjunto, la forma en que lo hacemos tiene su repercusión en el resultado.

Tanto para las morfologías anteriormente mencionadas como para las que consideramos óptimas o correctas, no podemos hablar de un tipo en concreto de herraje. Por ejemplo: tipo A para topinos, tipo B para asimétricos, tipo C para las conformaciones correctas... Serían términos demasiado herméticos, hay que estudiar siempre al individuo, que como tal es único en su conjunto, y tener capacidad adaptativa.

Lo que podemos dar como confirmado es la eficacia del herraje, el hecho de que gracias a él el ser humano ha podido pasar a formar parte de un conjunto. El herraje permite que la persona que interacciona íntimamente con él pase a formar parte de ese conjunto, bien sea el herrador, veterinario, jinete, cochero o propietario. A través del herraje sellamos un vínculo con el caballo; con nuestro caballo doméstico, claro, que en parte existe por el hombre.

Forja previa al herraje. (Foto: Juan Mompean)

El herraje no es sólo clavar las herraduras…

También hemos de entender el herraje no sólo en una de sus fases, como muchos la entienden (clavar o fijar herraduras o resumirlo en una buena forja). Como todo lo mencionado anteriormente, en el herraje todo también es un conjunto. Y el hecho de recortar y dejar un pie descalzo forma parte del herraje: no todos los caballos deberían ir herrados, si no lo requiere su uso o condición de salud, y no todos pueden soportar el ir descalzos, lo harían pero en muchos casos el herraje ayuda. No se ha de olvidar que nuestro caballo doméstico ha perdido su condición más natural, la más natural de todas, y es la de su propia selección. En la búsqueda de lo perfecto como si de un experimento de laboratorio se tratase quedan atrás miles de animales a los que dimos por imperfectos, inadecuados, etc. No digo con esto que no encontrásemos verdaderos buenos cruces, es un alto grado de responsabilidad la labor de cruzar para todos aquellos que la ejercen, como nuestros ganaderos. Y no debe estar reñida la belleza con la funcionalidad y con otros muchos aspectos que engloban al caballo, aspecto en el que se hizo mucho hincapié en el época renacentista y por parte de reyes famosos e históricos como Carlos V y Felipe II.

Regresando a las mencionadas morfologías que limitan la funcionalidad del caballo, hablamos pues de cuáles son las limitaciones del herraje para dichas morfologías.

Herraje. (Foto: Juan Mompean)

Caballos topinos

Para todos aquellos animales topinos valoraremos, como decíamos anteriormente, edad, disciplina y persona que lo dirige. Para casos muy graves intervendrán los veterinarios quienes serán los encargados de elegir la técnica apropiada; en los casos menos graves que tengan opción de ser subsanados en parte con el herraje, y siempre de acuerdo con el compañero veterinario, se optará por los recortes apropiados y el uso o no de posibles extensiones. Este tipo de técnicas van destinadas a aquellos animales de edades tempranas y sabiendo que el éxito se irá reduciendo progresivamente conforme el potro/a va cumpliendo meses. Con frecuencia, dependiendo ya de las razas, a partir de los seis meses los remedios serán casi únicamente paliativos.

Hay que remarcar el tipo de raza, ya que no es lo mismo tratar con PSI (Pura Sangre Inglés) o un PRE (Pura Raza Española), etc. Como bien es sabido el proceso de crecimiento es totalmente distinto y es un factor a recalcar a la hora de evaluar las posibles repercusiones, ya que sobrepasado el momento de poder actuar con garantías de éxito lo más probable será que infligiéramos dolor y sin desearlo posibles lesiones.

Será más condicionante para la funcionalidad cuando un caballo tenga una sola de sus extremidades topina: es ésta la que tendrá mayor repercusión en todo el conjunto, como sucede en los caballos de manos asimétricas. La mano vertical condiciona al resto del conjunto y es un factor ampliamente limitante sobre todo para aquellas disciplinas como la doma en alta escuela, la doma clásica y para casi todo tipo de trabajos de reunión, alargamientos, etc. Con el herraje adecuado podremos acortar distancias, aunque pasadas las tres primeras semanas después de cada herraje la condición natural de sus manos asimétricas se acentuará progresivamente. A nivel general, las directrices a seguir para este tipo de casos serían las siguientes:

  • En la mano topina nos ceñiremos al perímetro del casco tras eliminar la cuña que se suele formar en la zona de lumbres provocada por el ángulo que adopta el tejuelo en dicha mano, preferiblemente no utilizaremos pestaña ni herradura de dos pestañas, ya que en el caso de la mano topina es más contraproducente su uso.
  • Para la mano contraria que suele tender a tener una conformación panda, cuadraremos la lumbre de la herradura retrasándola por detrás de la línea blanca y recogiendo las lumbres desde la zona solear hacia la misma línea. Eliminaremos también el exceso de tapa de la zona dorsal que normalmente se suele engrosar desde la mitad o último tercio distal del casco, a fin de recoger el casco e igualar el grosor de la muralla en todo el perímetro del mismo en la medida de lo posible, para que el reparto de las cargas sea lo más equilibrado.

No habrá que el olvidar un tratamiento especial para los pies que consistirá en tener la precaución de no retrasar la herradura del pie contrario a la mano topina, ya que el efecto provocado seria el acortamiento, si cabe mayor, del tranco en ese pie. En el pie que corresponda con la mano “panda” la tendencia será a retrasar la herradura en proporción al herraje de la mano contraria. Grosso modo estas serían las directrices a seguir, teniendo en cuenta que no hay dos individuos iguales y que cada uno ha de someterse a uno estudio individual.

Radiografía típica de un caballo con laminitis. (Foto: Malcolm Morley - Public Domain)
Imagen de un casco con laminitis. (Foto: Juan Mompean)

¿Qué podemos conseguir con un herraje adecuado?

Con el herraje podremos mejorar, incluso corregir a una temprana edad, ciertas anomalías. Podremos mejorar la funcionalidad en animales adultos, pero quedaremos sujetos a los condicionantes físicos. Cuanta mayor asimetría exista en las extremidades de un caballo, mayor será la limitación. Por tanto, las limitaciones del herraje para todas aquellas malas conformaciones quedarán sujetas a la experiencia del operario que realice el herraje y a la conformación del animal. El uso de herraduras compensadas, talonetas y otros mecanismos que eleven los talones, en las conformaciones que de nacencia así lo son (bajos de talones), tendrán siempre su efecto sin poder concretar plazo alguno, ya que las variantes que intervienen son tantas y distintas como distintos son los individuos. Aunque en ocasiones y para casos puntuales y concretos pueda estar justificado su uso, serán excepcionales o contadas las veces en las que las utilizaremos.

El objetivo en todas aquellas malas conformaciones en las que por no llegar a tiempo o por su origen son irremediablemente no subsanables, nuestra labor irá encauzada a mantener y preservar la salud locomotora del caballo y conferir el mayor confort posible.

Por tanto, el herraje tiene diversos factores limitantes: formación del operario y la propia limitación morfológica del animal. Sin olvidar que estas limitaciones quedan condicionadas al uso que se le pretenda dar al caballo: según a qué disciplina se dedique un animal con un defecto de conformación éste será más o menos limitante. Por ejemplo, un caballo asimétrico de manos no trabajará bien en la doma y quizás funcione mejor en el salto.

Como conclusión, el caballo es pura física en movimiento y a través de sus pies podemos interpretar como funcionan ese entramado de palancas y poleas, siendo conscientes de que tratamos siempre con un conjunto y que no se puede tratar el equilibrio del pie o la mano sin atender a la globalidad del ser.

La amazona Aina Tamarit Rodrigo montando a Mosquetero VII. (Foto: Juan Mompean)
La amazona Aina Tamarit Rodrigo montando a Mosquetero VII. (Foto: Juan Mompean)
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