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Nuevas tecnologías aplicadas en veterinaria

Aportan numerosas ventajas pero hay que tener en cuenta los posibles riesgos

miércoles 28 de marzo de 2018, 09:21h

Las nuevas tecnologías están avanzando de forma vertiginosa en los últimos años, y muchas de ellas serán de gran utilidad para mejorar el trabajo interno o el servicio de los centros veterinarios.

Nuevas tecnologías aplicadas en veterinaria

Núria Tabares Rivero
Veterinaria y Coach Laboral-Ejecutivo Manescalia Clínica Veterinària
coachingability@gmail.com - www.coachingability.com

Las tecnologías se han integrado ya en nuestras vidas, tanto que creemos que hemos vivido siempre con smartphones, WhatsApp o Facebook. No obstante, si retrocedemos un poco en la Historia, el primer móvil Motorola DynaTAC 8000X apareció en 1983 y, desde entonces, hemos sido testigos de una gran revolución tecnológica que aún no ha llegado a enseñarnos todo lo que podemos y podremos hacer.

Desde la Revolución Industrial nunca ha habido un ritmo tan acelerado en los avances tecnológicos, y estamos solo al 1 %, ya que en 2030 se dará la verdadera transformación a la era digital. En estos años veremos transformarse la medicina gracias a la inteligencia artificial, el Big data y las impresoras 3D.

Las ventajas de las nuevas tecnologías
  • Disminuir costes.
  • Disminuir desplazamientos.
  • Menor tiempo de respuesta.
  • Aumentar la eficiencia de los procesos.
  • Mejorar los diagnósticos y reducir la probabilidad de complicaciones o errores.

La tecnología también se ha integrado en nuestra profesión. Un ejemplo claro fue el paso de la radiología convencional a la digital, que nos permite enviar una radiografía por email a cualquier compañero para obtener una segunda opinión.

En este artículo se pretende crear una base de conocimiento sobre el vocabulario que hay que utilizar en la aplicación de la tecnología en medicina veterinaria.

Para ello, nos basaremos en el informe elaborado en 2017 por la AVMA (American Veterinary Medical Association).

Definición de conceptos básicos

  • Telesalud: es el uso de comunicaciones electrónicas para proporcionar o recibir servicios de atención médica. Así, emplearemos teléfonos, ordenadores o dispositivos móviles. Se puede encontrar información de salud (campañas de prevención, por ejemplo: información sobre la obesidad) o hablar con el veterinario utilizando streaming, videoconferencias, correo electrónico o mensajes de texto. El correo electrónico es una gran ventaja, ya que permite enviar informes, fotografías, radiologías y vídeos a través de nubes como Dropbox o Drive.
  • Telemedicina: es la medicina a distancia, basada en el diagnóstico y el tratamiento. Aquí se incluye desde la llamada que se pueden hacer dos veterinarios para comentar un caso, hasta realizar un diagnóstico o cirugía a distancia.
  • Realidad aumentada: vemos la realidad de un entorno a través de un dispositivo tecnológico, donde se combinan elementos reales con virtuales. Para entendernos podemos pensar en el juego que se hizo tan famoso hace unos años, consistente en capturar pokemons por las ciudades en el que se podían ver las calles y tiendas, y aparecía un “pokemon virtual” dentro de la imagen real.
  • Realidad virtual: vemos un entorno o una escena como si fuese real. Se está utilizando mucho en ámbitos formativos, como las universidades. Para hacernos una idea podemos pensar en la película Avatar, donde una persona pasa su vida a una realidad de ficción.

¿Qué tecnología podemos utilizar actualmente y en los próximos años?

Los smartphones, esos pequeños ordenadores integrados en los teléfonos, nos ayudan mucho a acercanos más al cliente. Desde el inicio de las redes sociales hasta la actualidad podemos realizar, por ejemplo, una videoconferencia al momento con Facebook, o aprovechar la reciente opción de añadir los servicios que proporcionan; también desde esta red social el cliente puede pedir cita, de manera que cuando selecciona un servicio, le llega un mensaje a la clínica con la petición de cita. Así mismo, este medio nos permite añadir respuestas automáticas con la activación de un chatbot llamado Chatfuel.

Por su parte, WhatsApp ha llegado para quedarse y cada vez se utiliza más en los centros veterinarios. Es una gran herramienta para hablar con el cliente y con compañeros, y en muchos centros se está utilizando para dar citas, y recibir fotos o vídeos. También se puede utilizar para dar pequeños informes al cliente sobre su mascota, si esta está hospitalizada o después justo de una cirugía, lo que mejora la gestión del tiempo en nuestro centro.

Sin embargo, toda nueva tecnología puede implicar ciertos riesgos. Por ejemplo, las redes sociales de nuestros empleados pueden ser un escaparate abierto para los clientes, ya que es habitual que nuestro personal incorpore como amigos a algún cliente, en ese caso, el control de la información que ve el cliente no está sujeto a nuestro control como gestores de redes sociales de un centro veterinario. Se pueden dar casos rocambolescos como que un empleado sea del equipo de fútbol del Madrid y que un cliente del Barcelona se entere por su red social y decida no volver a venir a la clínica. Es importante formar a todo nuestro personal sobre el uso de las redes sociales, y aconsejarles que no incluyan a los clientes en sus redes personales.

Otro peligro podría resumirse como “Lo que está escrito permanece escrito”. Empieza a ser habitual que en las denuncias que llegan a los comités de deontología, los clientes enseñen los mensajes recibidos por el veterinario o por los auxiliares. Vamos a poner un ejemplo: realizas una ovariohistectomía a una perra de 1 año, cirugía con un bajo riesgo en un animal joven y sano; la cirugía en principio ha ido sin complicaciones. Le envías un mensaje al propietario por WhastApp más o menos así: “La cirugía de Nala ha ido bien, sin complicaciones, en 3 horas podéis venir a visitarla y se podrá ir a casa caminando”. Este mensaje lo envías justo al terminar la cirugía, el animal aún está profundamente anestesiado, por desgracia, empieza a tener complicaciones para despertarse, la presión le disminuye, etc. Pongamos, en el peor de los escenarios, que muere por una complicación. El cliente no entenderá nada cuando le digamos que ha fallecido. En el momento de buscar culpables se aferrará a ese mensaje enviado anteriormente. De nuevo debemos formar a todo nuestro equipo respecto a qué se debe o no escribir en los mensajes, y no exponer al centro veterinario a un riesgo innecesario.

La monitorización de las mascotas también va a dar un salto cuantitativo con aplicaciones como mHealth y los wearables. Actualmente podemos realizar un electrocardiograma en la clínica y también fuera de ella con nuestro Iphone y la carcasa Veterinary AliveECG, ya que es portátil. Incluso hay centros que lo están alquilando a los clientes que tienen una mascota que padece una enfermedad cardiaca, para que puedan realizar el electro en casa cuando el animal está en una situación de reposo.

Nuevo vocabulario
mHealth: es un término que se utiliza para la práctica de la medicina y la salud pública, con el apoyo de los dispositivos móviles, y es una división de eHealth.
Wearable: hace referencia al conjunto de aparatos y dispositivos electrónicos que se incorporan en alguna parte de nuestro cuerpo y que interactúan de forma continua con la mascota y con otros dispositivos con la finalidad de realizar alguna función concreta. Por ejemplo, los collares inteligentes que controlan su estado de salud.
Big Data: lo podemos traducir como “datos masivos”. Es el proceso de recolección de grandes cantidades de datos y su inmediato análisis, patrones recurrentes, nuevas correlaciones, etc. Actualmente la base de datos es tan grande y compleja que los medios tradicionales no pueden procesarla. Gracias a las nuevas generaciones de ordenadores, ahora se pueden medir.

Ya están aquí también los collares de monitorización, que registran en todo momento las pulsaciones cardiacas, la temperatura corporal, la presión sanguínea, las calorías, etc. del animal. Estos collares serán de mucha utilidad tanto fuera como dentro del centro veterinario, ya que ayudan a monitorizar animales hospitalizados. Actualmente algún modelo indica que puede utilizarse para evaluar si la mascota tiene dolor o no, y, en caso de que tenga, el veterinario puede seguir la monitorización desde su móvil u ordenador en la consulta y al detectarlo llamar al propietario para que aplique un analgésico.

Las prótesis también van a sufrir una gran revolución, aunque aún son herramientas caras y no del todo accesibles. Las impresoras 3D podrán usarse para fabricar prótesis, o incluso para fabricar órganos similares a los del paciente. Por ejemplo, nos van a ayudar a crear “patas impresas” o “picos artificiales” que ayudarán a mejorar la calidad de vida de las mascotas.

Las lentes de realidad aumentada también han venido para quedarse; aunque ya hace años que están funcionando, aún no están totalmente implantadas en nuestro sector. Las primeras que surgieron fueron las Google Glass y, en la actualidad, ya hay varias empresas que las fabrican. Una de sus numerosas utilidades es que permiten hacer una videoconferencia de una cirugía con otros compañeros que pueden ir guiándote en la intervención.

Por otro lado, dos hospitales de Bélgica ya han incorporado como prueba piloto a Pepper, un robot que es capaz de interpretar las emociones de las personas y responder en consecuencia. Es un apoyo al personal de recepción porque saluda y proporciona información mientras esperas y ¡cómo no!, este robot habla 19 idiomas.

Conclusión

Como conclusión diremos que, aunque algunos detractores se empeñen en decir que nos aleja del trato más directo y humano con nuestros clientes, todo avance tecnológico es un paso adelante en los recursos a nuestro alcance para ser más precisos en nuestros diagnósticos, prevenciones y tratamientos, además de resolutivos en la gestión del tiempo. Todo ello nos ayuda a mejorar la eficiencia en nuestra profesión.

En todo caso, el contenido de nuestros mensajes, la calidad de nuestra comunicación y la actitud que cada profesional de la salud veterinaria dedique a la relación con sus pacientes y clientes no dependen de las nuevas tecnologías, ya que no son excluyentes, sino comple­mentarias.

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