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Introducción al ualabí de Bennett

lunes 29 de julio de 2013, 11:59h

El canguro es uno de los marsupiales australianos más conocidos y aunque no suele ser muy habitual como animal de compañía, sí que se puede encontrar en algunas colecciones privadas. En este artículo vamos a conocer un poco más a un miembro de su familia, el ualabí de Bennett.

Javier León Cabezas
Clínica Veterinaria Mirabueno
14012 Córdoba
javierleon@colvet.es
Imágenes cedidas por el autor


La historia de los marsupiales se remonta a unos 130 millones de años atrás (en el Cretáceo Inferior), cuando se separaron del resto de mamíferos en América del Norte y a partir de entonces evolucionaron de manera totalmente independiente. Durante el Cretáceo Superior conocieron su máximo esplendor en la misma zona y sólo a finales de dicha época (hace unos 70 millones de años) emigraron a América del Sur al tiempo que desaparecieron prácticamente del Norte. Así, en el Paleoceno (hace unos 60 millones de años) ocuparon toda Suramérica y, atravesando la Antártida, llegaron al continente australiano. Por aquel entonces, América, la Antártida y Australia estaban unidas.
Existen restos fósiles de canguros que demuestran que estos animales aparecieron por primera vez en Australia hace 15 millones de años, durante el Mioceno. Como resultado de los cambios climáticos ocurridos hace 8 millones de años, las selvas tropicales australianas dieron paso a bosques abiertos y sabanas, y los canguros evolucionaron hasta adquirir muchas de las formas que tienen actualmente. Los extintos canguros gigantes llegaban a medir hasta tres metros de longitud con un peso de unos 200 kilogramos.

El ualabí de Bennett
Taxonomía
Reino: Animalia
Filum: Chordata
Clase: Mammalia
Infraclase: Marsupialia
Orden: Diprotodontia
Suborden: Macropodiformes
Familia: Macropodidae
Especie: Macropus rufogriseus

El ualabí o wallaby de Bennett es un marsupial australiano que también se puede encontrar en Nueva Guinea y Tasmania. Se ha adaptado a diferentes hábitat, así lo podemos encontrar tanto en los gélidos picos de las montañas como en los desiertos y en las zonas boscosas de vegetación espesa, siendo esta última la más habitual en su vida libre.

Anatomía

Es de tamaño mediano (hasta 27 kg de peso) y una estatura aproximada de 90 centímetros, aunque las hembras son algo más bajas.
El dimorfismo sexual en otros canguros es muy marcado con respecto al tamaño, pero en el ualabí de Bennett no lo es tanto.
La cabeza es similar a la de una oveja, con unas orejas grandes y móviles, las cuales se dirigen hacia cualquier ruido que pudiera significar peligro.
La piel del cuerpo de este canguro es dura y muy resistente. El pelo es suave y lanoso, magnífico aislante de las condiciones térmicas adversas.
El color del cuerpo es gris amarillento y en la zona de la nuca y los hombros algo más rojizo.
Las manos, los pies, la punta del hocico y los bordes de las orejas son negros. Desde la frente hasta el hocico, desprovisto de pelos, discurre una raya negra. La zona ventral es de color blanco.
La cola es musculosa y sirve para lograr el equilibrio al correr o al saltar y como soporte al andar.
El tercio superior del cuerpo está poco desarrollado con respecto al inferior, las patas posteriores con cuatro dedos, son robustas. El segundo y tercer dedo están unidos (sindactilia) y provistos de grandes uñas que usan como defensa; los otros dos dedos, más pequeños, están alojados en una funda común, salvo las uñas. Las extremidades anteriores son cortas y tienen cinco dedos provistos de largas uñas.

Dentición

Entre los incisivos y los premolares existe un amplio hueco (diastema). En la mandíbula superior presentan tres incisivos de igual tamaño, dos premolares cortantes y ocho molares con dos crestas transversales y un prominente eslabón longitudinal que los conexiona. Los dos incisivos inferiores son móviles, están algo separados y se proyectan hacia fuera. También, en la mandíbula inferior, posee ocho molares y dos premolares.
Los molares salen durante un relativamente largo periodo de su vida y con la edad van desplazándose hacia delante y se renuevan hasta cuatro veces.


La manipulación del ualabí debe hacerse con cuidado.

La cangurera de los ualabís está aislada térmicamente.

Exploración dental.

 

Aparato reproductor

Ambos sexos tienen una protuberancia cloacal, que incluye la abertura rectal y la urogenital en la hembra o el pene retraído en el macho; delante de la protuberancia hay un escroto pendulante en los machos maduros.
La hembra tiene cuatro glándulas mamarias independientes con un pezón cada una en la pared abdominal y delante el marsupio, que es la bolsa que cobija a las crías.

Hábitat en cautividad

En cautividad tienen una expectativa de vida de 14 a 16 años.
Cuando tratamos de mantener a un animal en cautividad, las condiciones de su entorno deben asemejarse lo más posible a su hábitat en libertad, por tanto deberemos conocer éstas e intentar reproducirlas al máximo para así preservar el bienestar de los animales.
El ualabí de Bennett vive en las zonas boscosas preferentemente, y es de hábitos nocturnos y solitarios, aunque se les ve en grupos a la hora de alimentarse y protegerse de los depredadores.
Un mismo macho es dominante de varias hembras en su territorio, y disputará por ellas con los otros machos.
Los Ualabis de este artículo viven en una cangurera cubierta y aislada térmicamente de 75 m2 y con una altura de tres metros. Disponen de un espacio al aire libre de 300 m2, con una altura de dos metros más un suplemento de un metro, con pastos frescos y arboleda y, por supuesto, un refugio para que los animales puedan guarecerse en días desapacibles. El refugio se puede realizar con alpacas de paja unidas entre sí, dejando una entrada y una salida independientes la una de la otra; esta construcción, para unos animales acostumbrados a huir en caso de peligro, es fundamental.
No debe faltar agua en su hábitat, pues este animal es sensible a la deshidratación, aunque esté adaptado a la vida en parajes desérticos. Es capaz de beber hasta el 10% de su peso y, si no encuentra agua, evita la deshidratación minimizando su actividad diurna y aumentando la nocturna, se refugia en las sombras y se lame la piel en las partes del cuerpo en las que la sangre circula cerca de la superficie. En libertad, también come una mezcla de plantas y raíces que le ayuda a prevenir la deshidratación.

Alimentación

Los ualabís de Bennett son fundamentalmente herbívoros, aunque algunos podrían ser omnívoros. No obstante, su dieta debe ser siempre rica en fibra y pobre en proteínas.
Cuando están en libertad, al pastar parten la hierba a ras de suelo, cogiéndola entre los incisivos y cortándola. La mastican muy bien (de ahí el desgaste tan acusado que se puede apreciar en los molares en estos animales), así evitan tener que regurgitarla y rumiarla, tal y como sucede en los rumiantes. Hojas, brotes, ramas, gusanos, pequeños insectos e incluso carroña también se encuentran en la dieta de los ualabís en libertad.
En cautividad se les suministra: pienso para conejos reproductores (alta energía), alfalfa, pan, fruta fresca (sobre todo manzanas) y hortalizas (sobre todo zanahorias).
El estómago de los ualabís es saculado pero muy diferente al de los rumiantes. Está tapizado de células que segregan un líquido rico en bacterias cuya secreción enzimática facilita el proceso digestivo al degradar la celulosa.
El estómago es muy voluminoso cuando está lleno y puede llegar a constituir hasta el 15% del peso del animal.

Reproducción

Al igual que para muchos animales en la Naturaleza, para los Ualabís la reproducción es una función de lujo, es decir, son reproductores oportunistas, sólo gestarán cuando las condiciones de hábitat y de alimentación sean suficientes como para garantizar la crianza del cachorro. Si estas condiciones no son óptimas el óvulo fecundado puede llegar a permanecer en el útero de la madre sin implantarse.
Sucede a veces que hembras solas paren porque seguramente estaban ya fecundadas y sólo cuando todo ha mejorado se ha producido la implantación del blastocito y su posterior gestación.


Imagen del marsupio.


El ualabí macho detecta a la hembra en celo por un olor característico. Entonces comienza el galanteo o cortejo, que puede durar desde unas horas hasta tres días. El macho husmea frecuentemente la abertura urogenital de la hembra y realiza movimientos laterales y sinuosos con la cola, produciendo chasquidos. El apareamiento en el caso del ualabí de Bennett suele ser bastante breve.
La cría nace entre los 28 y los 36 días después del apareamiento. Cuando nace no es más que un feto de un tamaño aproximado de dos centímetros, tiene sin desarrollar el oído y la vista, pero sí el olfato y las extremidades anteriores y es por esto que, agarrándose a los pelos de la zona ventral de la madre, recorre los 14 centímetros que separan la vagina del marsupio.
Con anterioridad la madre ha lamido concienzudamente este trayecto dejando un rastro de olor al feto.
No son frecuentes los partos gemelares, aunque se han descrito casos.
En el marsupio permanecerá los próximos 6-8 meses, alimentándose exclusivamente de la leche materna. Se agarra a uno de los cuatro pezones que la madre posee, el cual se hincha y bloquea así al feto, de modo que en los desplazamientos de la madre no se podrá soltar y así queda asegurada su nutrición en los primeros estadios del desarrollo. El marsupio es una guardería perfecta y una solución bastante sorprendente desde el punto de vista biológico: proporciona a la cría calor, protección, descanso y alimento.


La cría nace aproximadamente al mes del apareamiento.


Conforme la cría crece se irá asomando al mundo exterior, compartiendo algún que otro bocado de hierba, trozo de fruta, etc., hasta que salga de la bolsa, a la que regularmente volverá a mamar y, por supuesto, en caso de peligro.
Otra particularidad de la reproducción de estos animales es la sincronización (o diapausa embriónica). La hembra, una vez se ha producido el parto, aproximadamente dos días después, sale nuevamente a celo, es cubierta por el macho y ese óvulo fecundado sólo se dividirá unas cuantas veces, permaneciendo en un estado de blastocito latente muy precoz (no es más que un grupo de menos de cien células y de un cuarto de milímetro de longitud) dentro del útero.
Cuando la cría que está en la bolsa marsupial la abandona, el óvulo fecundado se implantará, lo cual se conoce como implantación diferida, y comenzará el proceso de la gestación.
Vemos pues que el marsupio permite a la madre en un momento dado mantener tres “crías”, esto es, una fuera de la bolsa que aún mama a veces, otra recién entrada en la bolsa en estadio de feto, y un tercero en estadio de blastocito que será una nueva cría. Es otro asombroso fenómeno de adaptación que asegura la perpetuación de la especie.

Manejo

Son animales de extraordinaria fuerza y la cola y sus patas son sus principales armas de defensa. Si se ven acorralados no dudan en atacar.
La técnica para cogerlos consiste en agarrarlos por la base de la cola, una vez hecho esto el animal queda desestabilizado y se le puede manejar. Es importante coger la cola de la base, pues si se hace más caudalmente ésta se partiría. También hay que prestar especial cuidado a las patas traseras, pues dan patadas y con las uñas podrían herirnos.
Las manipulaciones que se les realice han de ser breves, ya que se estresan mucho.
Suelen ser, con el tiempo, fácilmente domesticables, e incluso se pueden pasear por la calle sujetos con un arnés. Llegados a este punto, los animales se comportarán con confianza, comerán de nuestra mano e incluso nos querrán hacer partícipes de sus juegos, pero no hay que olvidar que no son perros y, por tanto, en su cubículo y en el exterior hay que mantener las medidas de seguridad pertinentes.
Este animal no es muy frecuente en nuestro país y sólo algunos aficionados con colecciones privadas, los zoológicos y los circos poseen ejemplares. Esperemos que proliferen y podamos aprender más sobre ellos.

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